Apuntes Ignacianos #19 y 20
Presentación:
La Iglesia postconciliar destacó, entre los elementos clásicos de la vida Religiosa, la Vida Fraterna en Comunidad, como una de sus características fundamentales. Rescató así un tema nuclear del Evangelio: En esto conocerán todos que ustedes son mis discípulos: en que se aman unos a otros (Jn 13,35).
En este mundo tan complejo y paradójico, en donde por un lado se borran las barreras entre los pueblos y naciones de la ‘aldea global’, por el otro se desconocen los vecinos de enfrente y se masifican las relaciones hasta diluir el sentido altruista; en este mundo la Vida comunitaria de los consagrados está llamada a ser signo, reto y desafío para una humanidad nueva. Los artículos de la presente entrega de nuestra revista apuntan en esta dirección.
Abre la temática el artículo de Alvaro Restrepo sobre el sentido de la comunidad en la Compañía de Jesús. Acogiendo un llamado del P. General, emprende un camino que parte de los años previos al Vaticano II, considera los aportes del Concilio y discurre a través de las Congregaciones Generales 31 a 34, para desembocar en las Normas Complementarias de nuestras Constituciones Anotadas (en la Congregación General 34). Se destaca allí el proceso que con el correr de los años ha seguido la vida fraterna en relación estrecha con los cambios que la sociedad y la Iglesia han experimentado. Establece así un importante punto referencial
para el actual panorama comunitario en la Compañía.
En este panorama, una de las insistencias más notables recae sobre la solidaridad. Gustavo Baena trata de ella en el marco de la Nueva Evangelización, que precisamente debe ayudar a crear una cultura de la
solidaridad para construir la comunidad.