II Simposio sobre los Ejercicios Espirituales de san Ignacio de Loyola

Apuntes Ignacianos #37

Presentación:

Los Ejercicios Espirituales, según el autor de ellos, son «todo lo mejor que yo en esta vida puedo pensar, sentir y entender… para poderse aprovechar a sí mismo como para poder fructificar, ayudar y aprovechar a otros muchos». Palabras reveladoras de un poderoso instrumento de acción que dispone a la gracia, tanto para la conversión personal, como para el trabajo apostólico con los demás. Pero, ¿bastaría el simple deseo de hacerlos para que cualquier persona pueda acceder a ellos? O, si se exigen ciertos requisitos, ¿Cuáles son y cómo se aplican? Esta fue la pregunta clave que se hizo el II Simposio de Ejercicios Espirituales, celebrado a fines del año pasado, cuyo tema fue: «La preparación de la persona para los Ejercicios Espirituales». Las respuestas a esta pregunta constituyen el contenido de este número de nuestra revista.

Pero antes de iniciar el tema del Simposio, queremos tributar un sentido homenaje de admiración y gratitud a un gran hombre espiritual que ha celebrado ya su pascua en el Señor: el P. Eduardo Briceño Pardo, S.I. El padre Briceño fue un excelente colaborador del CIRE, padre y maestro de espiritualidad y acompañante de los Ejercicios. Dos breves reseñas de su paso entre nosotros conservan su memoria y nos ofrecen su legado para caminar en el Espíritu. Para Antonio José Sarmiento, S.I., Eduardo fue «un relato de Dios» para nosotros, un pre-texto de la intencionalidad de Dios en un ser humano lleno de profundo afecto, un buscador de sentido que terminó siendo un acontecer teo-logal. Por otra parte, fue también el «empecinado optimismo de la fe» según Iván Restrepo, S.I., pues, sembrado en el dolor y la enfermedad de sus últimos años, se convirtió en un vivo testimonio nacido del eco de lo que sus palabras enseñaban, un pedagogo de la vida que marcha hacia el Invisible. Concluye este homenaje al padre Briceño la sentida homilía que el padre Horacio Arango, S.I., Provincial de la Compañía de Jesús en Colombia, pronunció en la Eucaristía de exequias.