Apuntes Ignacianos #39
Presentación:
Abrir espacios para el Espíritu. «Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa…» (Ap 3, 20). No hay encuentro con quien toca a la puerta si no se le abre. El Espíritu no necesita espacios para entrar pero nosotros sí, para salir a su encuentro, para recibirlo y seguirlo. La labor de un Centro de Espiritualidad consiste en permitir que el Espíritu sea activo en nosotros y que con una pasiva actividad podamos responder a su llamado.
«Treinta años abriendo espacios para el Espíritu»: celebramos este aniversario dentro del marco conmemorativo de los cuatrocientos años, de la llegada de los jesuitas a Colombia. No hay espiritualidad sin Espíritu, ni Espíritu sin puertas abiertas. La palabra de Dios dice que nosotros podemos extinguir, resistir, tentar o al menos contristar el Espíritu, es decir, vivir sin espiritualidad. La misión del CIRE durante estos lustros ha sido facilitar el encuentro entre el Dios que llama y la persona llamada que no siempre sabe o puede escuchar su voz para poder renacer espiritualmente.
Este Centro Ignaciano ha caminado y enseñado a caminar en las vías del Espíritu llevado de la mano de Ignacio de Loyola. Quizás la frase más densa y clave de los Ejercicios Espirituales sea ésta: «Porque piense cada uno que tanto se aprovechará en todas cosas espirituales, cuanto saliere de su propio amor, querer e interés» (189). Salir para entrar, para encontrar (aprovecharse). El CIRE ha estado empeñado en ofrecer una espiritualidad de éxodo: salir del pensamiento según los hombres (la ciudad terrena) para entrar en el pensamiento según Dios (la ciudad
celeste). Y porque la historia no es «el eterno retorno de lo idéntico» sino el vivir la inefable novedad del ‘Creator Spiritus’, hemos tratado durante estas tres décadas de abrir estos espacios: «Si conocieras el don de Dios y
quién es el que te dice…» (Jn 4, 10).