Jesuitas ayer y hoy: 400 años en Colombia

Apuntes Ignacianos #42

Presentación:

Los Ejercicios de san Ignacio presentan como esencial del seguimiento de Cristo el buscar siempre la mayor gloria de Dios por medio del discernimiento que conduzca a la elección de lo que más conduzca al fin de nuestras vidas. Lo que pretende una sana elección, en el plano apostólico, es optar por la mejor manera de ayudar a la obra de Cristo, en el mundo, por medio de la Iglesia bajo el Romano Pontífice.

Una vez llegaron los jesuitas al Nuevo Reino de Granada, en 1604, debieron realizar, dentro del espíritu de los Ejercicios, un discernimiento muy cuidadoso para llegar a elegir, dentro de los muchos apostolados posibles, los que más ayudaran a la implantación del Cristianismo en esta parte del Nuevo Mundo en donde ya estaba establecida la jerarquía eclesiástica y ya trabajaban las órdenes mendicantes: franciscanos, dominicos, agustinos y mercedarios. Cual fue la elección de los campos apostólicos en la por entonces Viceprovincia del Nuevo Reino, creada en 1604 y convertida en Provincia el 12 de abril de 1611, es el propósito de la siguiente exposición, elaborada con motivo de la celebración del centenario de la llegada de la Compañía al Nuevo Reino de Granada.

LA LLEGADA DE LOS JESUITAS AL NUEVO REINO

Cuando el Padre General Claudio Aquaviva envió los primeros 12 jesuitas a fundar la Provincia del nuevo Reino de Granada, no se sabía exactamente cual debía ser la estrategia apostólica que se debía adoptar y con qué medios se podría contar en el futuro inmediato para atender a los múltiples solicitudes que diversas personas y de diversas regiones le fueron haciendo. Fuera de los informes de los dos que habían llegado con el arzobispo don Bartolomé Lobo Guerrero, en 1599, los Padres Alonso de Medrano y Francisco de Figueroa, y de las cartas del arzobispo y del gobernador solicitando el establecimiento de la Compañía en el Nuevo Reino, poco más tenía el General a su disposición, pues los informes tanto a la Curia Generalicia como a la Corte española llegaban a través de los jesuitas del Perú, del cual el Nuevo Reino era apenas la periferia de la más antigua Provincia jesuítica hispanoamericana que tenía su sede en Lima.