Apuntes Ignacianos #95
Presentación
Muéstrame, Señor, tu camino, y guíame
por el camino eterno.
Salmo 25, 4
Los Ejercicios Espirituales* son un alto en el camino para tomar conciencia del camino que estamos recorriendo, de la forma como estamos “avanzando” o “retrocediendo”, o si estamos “estancados” en nuestro caminar. Es un tiempo para levantar la mirada y contemplar, llenos de esperanza y de confianza en Dios, la meta a la que somos llamados. Somos caminantes, peregrinos. El apóstol Pablo nos recuerda que “peregrinamos lejos del Señor, pero que caminamos hacia Él” (2 Cor 5, 6). Somos peregrinos de Dios, y procuramos encontrar el camino que mejor nos conduzca a Él. Sin embargo, a veces nos desviamos de su camino, pues, como nos dice por medio del profeta, “mis caminos no son los caminos de ustedes”; por eso, “busquen al Señor mientras puedan encontrarlo, llámenlo mientras está cerca” (Is 55, 8-9); “todos los que tengan sed, vengan a beber agua […]. Vengan a mí y pongan atención, escúchenme y vivirán” (Is 5, 1, 3). “Entonces se oirá decir: ‘preparen un camino bien llano, quiten los obstáculo para que pase mi pueblo’” (Is 57, 14).
Este llamado se renueva en el Evangelio: “Una voz grita en el desierto: preparen el camino del Señor; ábranle un camino recto. Todo valle será rellenado, todo cerro y colina será nivelado, los caminos torcidos serán enderezados, y allanados los caminos disparejos. Todo el mundo verá la salvación que Dios envía” (Lc 3, 4-6).
Para nosotros los cristianos, y de manera especial para los consagrados, laicos, religiosos y religiosas, Jesús es nuestro camino. “Ustedes saben el camino que lleva a donde yo voy — les dijo Jesús a sus discípulos —. Tomás le dijo a Jesús: Señor, no sabemos a dónde vas, ¿Cómo vamos a saber el camino? Jesús le contestó: Yo soy el camino, la verdad y la vida. Solamente por mí se puede llegar al Padre; y ya lo conocen desde ahora, pues lo han estado viendo. Felipe le dijo entonces: Señor, déjanos ver al Padre y eso nos basta. Jesús le contestó: Felipe, hace tanto tiempo que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conocen? El que me ve a mí, ve al Padre; ¿por qué me pides que les deje ver al Padre?” (Jn 14, 4-9).