Apuntes Ignacianos #40
Presentación:
El «acompañamiento espiritual» (antigua dirección espiritual), ¿está de moda o es un «signo de los tiempos»? Mientras más se preconiza y se vive un auge de individualismo (entiéndase subjetivismo) en la posmodernidad, más necesidad se siente de ser objetivo en su interioridad para no equivocarse en el camino de la vida, donde uno se la juega toda. «¡Nadie es buen juez en propia causa¡».
Un valor esencial de los Ejercicios Espirituales de Ignacio de Loyola es el hecho de estar fundamentados en la relación: «el que los da» y «el que los recibe». Toda relación, para ser acertada, debe mirar a la Trinidad de Personas en Dios. En esta experiencia espiritual entran tres
personas (que interactúan en diferentes direcciones con la mediación del texto): Dios, el sujeto que la hace y el acompañante de éste. El Espíritu Santo es el Director, el ejercitante es su dirigido y el acompañante es el que con-curre (corre juntamente con el que se ejercita) y co-labora, co-opera con los dos como «el que los da», como instructor para el «ejercicio espiritual». Se trata de una relación del todo particular, donde el acompañante debe comprender que la relación entre Dios y el ejercitante es única y que por lo tanto no puede interferirla de modo alguno, y menos todavía, pretender una replicación de su propio camino. Solía decir san Ignacio: «Ningún yerro es más pernicioso en los maestros de las cosas espirituales, que querer gobernar a los otros por sí mismo, y pensar que lo que es bueno para ellos es bueno para todos».
Pero, por otra parte, sin entrenador no hay auténtica carrera que augure una victoria. «¿No saben que en el estadio todos corren pero uno solo se lleva el premio? Corran de manera que lo obtengan», exclama Pablo. Hay que saber correr con método para alcanzar la meta. No hay verdadera experiencia de Ejercicios sin acompañamiento. Entonces, ¿Cuál es el oficio de este entrenador, instructor o acompañante de la carrera (de los Ejercicios) hacia la voluntad de Dios? Precisamente de este «acompañamiento en Ejercicios» se ha beneficiado en gran medida el acompañamiento espiritual fuera de ellos, especialmente en materia de discernimiento. De ahí su importancia. El acompañante es el representante de la Iglesia que discierne la autenticidad de los dones del Espíritu.