Apuntes Ignacianos #33

Presentación

La vida humana es compleja como complejo es el funcionamiento del organismo del hombre. Múltiple en lo biológico y en sus dimensiones espirituales. Es una unidad multifacética y hay que atender sucesivamente a las partes y dimensiones de ese uno.

¿Cómo vivir en una vida asaltada por múltiples solicitudes de todo tipo, con la conciencia de decidirse por lo más acertado de modo que se tenga la mayor confirmación posible de estar haciendo la voluntad divina en los empeños cotidianos? Ofrecemos hoy, varios artículos de temática diferente pero interrelacionada. El primero sobre el discernimiento espiritual como repuesta genial de Ignacio de Loyola, uno de sus más connotados maestros, quién bebió esta sabiduría espiritual en lo profundo de su experiencia personal. Una de sus aplicaciones más importantes es su proyección comunitaria, porque se trata de un acto de Iglesia, de la comunidad y como tal, de un acto de corresponsabilidad. Este es el tema tratado por Hermann Rodríguez precisando su terminología. La doctrina y la aplicación del discernimiento comunitario a la vida no están exentas de serias dificultades doctrinales y prácticas. De ahí la importancia de aclarar primero estos conceptos.

Una aplicación práctica del discernimiento se refiere a toda la vida del ser humano y de sus actividades más ordinarias como puede ser el comer, que necesita ser ‘ordenado’ en la perspectiva de Dios. Roberto Triviño analiza este punto y nos insinúa las múltiples aplicaciones de este discernimiento práctico, aplicado al uso de los medios de comunicación social, del dinero, del sueño, del descanso, etc., que son con frecuencia motivo de desorden y causa de nuevos desórdenes.