Apuntes Ignacianos #26
Presentación:
Pedro Fabro: discípulo acongojado que se transforma en experimentado maestro de los caminos del Espíritu. Entre esos dos polos, sin embargo, transcurre un largo y doloroso camino de discernimiento y obediencia, que a la postre resulta ejemplar para quien desea seguir «más de cerca» al Señor Jesús.
Fabro personifica la ‘materia prima’ que la mayoría de los cristianos ofrecemos al Espíritu Santo como campo de labranza. Un hombre confuso y agitado por muchos vientos de sentimientos, emociones y pensamientos, que lo enfrentan con un amplio abanico de posibilidades de futuro. A ratos quería ser médico, luego, abogado o maestro, después, doctor en teología, sacerdote o religioso, o quizás casado. ¿Qué quería Dios de él? Pregunta martirizante, pues ignoraba totalmente qué camino tomar para averiguarlo. ¿Alguien debía mandárselo y ahorrarle el ejercicio de su libertad responsable? Quizás lo más sencillo sería el obedecer simplemente. ¿O acaso le convendría ponerse a afinar su oído interior para escuchar la tenue voz del Espíritu? Este segundo camino del discernimiento, ¿estaría en contra de la obediencia? O, por el contrario, ¿la obediencia extinguiría el discernimiento?