Cierro mis ojos y escucho
como pasas tu mano
por esas hojas que se agitan de alegría
por tu presencia.
Abro mis ojos y veo
el baile de los arboles
que se agitan como quien saluda,
como quien se alegra.
Amplío la mirada
y veo tu rostro,
en tanta belleza,
en tanta grandeza.
Veo mis manos
y me siento pequeña,
como cual piedra,
como cual grano.
No me siento pequeña
por sentirme inferior,
me siento pequeña
al contemplar tu grandeza que me atraviesa.