Ser testigo del Evangelio no significa simplemente testimoniarlo ante el mundo, sino ser capaz de captar los testimonios que de él hay por todas partes. El Evangelio está de pie, y vivo, pendiente sólo de que venga alguien que lo vea y se asombre. 

Lo increíble es que Dios está mucho más cerca de lo que imaginamos. Basta abrir una puerta o una ventana y podemos encontrarlo; basta abrir los ojos o hacer silencio durante unos minutos. Nunca nos acostumbraremos a la proximidad de Dios: a su impregnarlo todo, todo…, a su no imponerse nunca, nunca… 

Me asusta pensar que Dios está aquí, en el papel sobre el que ahora escribo, ¡y hasta en la tinta! Que está en mi mano mientras la muevo en este instante, en mis ojos que miran lo que he escrito, en el viento que sopla esta noche y cuyo sonido tanto se parece al de hace dos noches. EL OLVIDO DE SÍ, Pablo d’Ors, Galaxia Gutenberg, 2024, p. 300-301

P. José Raúl Arbeláez SJ – Equipo CIRE Ampliado

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1 comentario

  1. Inspirador. «ser capaz de captar los testimonios, que de Él, hay en todas partes» ; que diferentes seríamos si fueramos capaces de ello.

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