Señor Jesús,
Muchas veces me gana el desánimo,
vivo entre sepulcros vacíos
buscando sediento las aguas vivas
de tu refrescante presencia.
La queja me nubla la razón
porque no eres un Dios que se ajuste
a mis expectativas personales…
siempre las superas, a tu modo y a tu tiempo.
La oscuridad de mi desolación
me impide ver los humildes pero latentes
signos de tu Resurrección.
Señor Jesús,
cuando dé la espalda a tu proyecto de Reino,
cuando la desesperanza doblegue a mi esperanza,
cuando mis sentidos estén ofuscados por el miedo,
cuando mi frágil memoria olvide la luz de tu mirada,
cuando la noche se vuelva tan oscura,
que parezca que las tinieblas ya han vencido a la luz:
¡Ven, camina conmigo, peregrino!
Y llegados a nuestra morada,
entra y quédate conmigo y con nosotros,
queremos partir el pan y volver a escuchar tu voz,
mira que atardece y nuestro día va de caída.
Entra y quédate con nosotros, sin marcharte jamás,
habita nuestra soledad, llena nuestros vacíos,
cura nuestros dolores y sana nuestras heridas,
para no buscarte más en falsos amores
ni llenar nuestros vacíos con mezquinas compensaciones.
Quédate con nosotros, Señor,
abre nuestros sentidos con tu luz
y quémanos con tu tierna llama de amor
para que vuelva a arder, por ti, nuestro corazón.