Comunitas Matutina 23 de junio de 2024

COMUNITAS MATUTINA 23 DE JUNIO 2024 

DOMINGO XII DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO B

““Después les dijo: por qué tienen miedo? Cómo no tienen fe? Entonces quedaron atemorizados y se decían unos a otros: quién es este que hasta el viento y el mar le obedecen?”
(Marcos 4: 40-41)

Lecturas:
1. Job 38: 1-11
2. Salmo 106
3. 2 Corintios 5: 14-17
4. Marcos 4: 35-41

En todos los momentos de la vida, individual y colectiva, existen amenazas que atentan contra la paz y la armonía de la humanidad, contra su buen ser y su bienestar. 1 Es una manifestación incontrovertible de nuestra inevitable fragilidad: siempre hay tendencias contrarias a la felicidad. Las de estos tiempos están en las eternas crisis económicas, las amenazantes determinaciones de gobiernos que proponen cambios negativos en asuntos tan sensibles como los servicios de salud, los derechos pensionales y laborales, la educación, violencias tan persistentes como las guerras en Ucrania y en Gaza, inaceptables desde todo punto de vista , crisis y sentimientos de temor desde aquellos que son explosión de la desesperanza, dolorosa respuesta a los continuos sinsabores de la vida, pasando también por los momentos de sufrimiento personal, cuando la inevitable fragilidad toma proporciones desoladoras, hasta el encerramiento en tragedias sin retorno. Son enfermedades sociales que ponen a muchas de nuestras colectividades y prójimos en unidad de cuidado intensivo. 2 

Es innegable que tantas situaciones negativas asustan, crean un sentimiento colectivo de miedo y angustia, inciden en el incremento de las enfermedades mentales, desestabilizan los modos y proyectos de vida de muchos en el mundo. 3 Pero más allá de esto, estamos ante una explosión de vida que no se resigna al fracaso, es la profecía del sentido definitivo de la existencia como reacción y resistencia a esa cultura de la muerte.

También el mal moral, el pecado, es fuente de grandes miedos e inseguridades. No en vano solemos decir que no se puede dormir tranquilamente cuando la conciencia nos reclama serias responsabilidades en este sentido. Angustia y remordimiento para quien lo comete, sufrimiento y sentimiento de ofensa para quien lo padece. En el ámbito católico el sacramento de la penitencia-reconciliación es remedio para las conciencias, misericordia de Dios mediada en la Iglesia, consuelo para el penitente, vuelta a la paz interior, recuperación del gozo de vivir, superación de los temores. 4 

Cómo hablar de esperanza en estos tiempos de crisis? Cómo motivar para vivir una esperanza real, encarnada en la historia, con capacidad de movilizar el sentido de la vida y de influír constructivamente para modificar el curso negativo de estos acontecimientos? 5 Sobre las diversas respuestas que se dan a esta cuestión de fondo, asunto prioritario en la agenda del bien común, hay que someter a juicio crítico los mesianismos políticos y religiosos que manipulan las carencias del pueblo para lograr rendimientos electorales y proselitistas en sus respectivas cofradías. Son muchos los falsos profetas, los que prometen redención de la pobreza y la corrupción y, una vez, en el poder, dan la espalda a quienes los eligieron dedicándose a resolver sus intereses de partido. O el caso de los predicadores apocalípticos que asustan con imágenes de un Dios mágico que pasa costosas cuentas de cobro a sus creyentes. 6 

Las lecturas de este domingo son una invitación al análisis crítico de estas realidades, a hacer conciencia de nuestros miedos, y a la búsqueda de una esperanza activa, arraigada en la realidad, dinámica, innovadora, creativa: “Entonces se desató un fuerte vendaval, y las olas entraban en la barca, que se iba llenando de agua. Jesús estaba en la popa, durmiendo sobre el cabezal. Lo despertaron y le dijeron: Maestro! No te importa que nos ahoguemos? Despertándose, él increpó al viento y dijo al mar: silencio! Cállate! El viento se aplacó y sobrevino una gran calma. Después les dijo: por qué tienen miedo? Cómo no tienen fe?”

El relato surge en medio de las dificultades que vivían las comunidades cristianas primitivas en el imperio romano. El mar simboliza el peligro, amenaza para quienes viven cerca de él, por ahí se aproximan los perseguidores. La comunidad, aún escasa y débil, es como la nave sometida al ímpetu de la tempestad. Muchos pierden la fe y naufragan ante las presiones de ese medio tan hostil. El texto es un recuerdo de que Jesús nunca ha abandonado, ni abandonará, la barca de la humanidad, de la Iglesia. Esta certeza da sentido y solidez a la fe de la comunidad. 8 

Sea esta Palabra una oportunidad para hacernos conscientes de todo aquello que nos amenaza: nuestros propios fantasmas, los imaginarios que tenemos de sometimiento, las personas que nos han agredido, la injusticia que padecemos, los miedos que nos invaden, el complejo de inferioridad, los factores externos de pobreza, inseguridad económica, vacío emocional. Caemos en el pesimismo y nos resignamos a perder la felicidad? Capitulamos ante tantos argumentos negativos? Nos refugiamos en una religiosidad de culpas y angustias? Sentimos que somos merecedores de estos “castigos”? La genuina espiritualidad cristiana, la que se desprende de la experiencia original de Jesús, es una alternativa liberadora, nos propone creer en Dios y en la humanidad puestos de pie, frente altiva, mirada transparente, coraje, disposición para la lucha, temple y fortaleza: “Por eso, nosotros, de ahora en adelante, ya no conocemos a nadie con criterios puramente humanos; y si conocimos a Cristo de esa manera, ya no lo conocemos más. El que vive en Cristo es una nueva criatura: lo antiguo ha desaparecido, un ser nuevo se ha hecho presente”.

Con frecuencia los discípulos de Jesús no le entendían su mensaje de esperanza plena y de dignidad, quedaban perplejos ante algunas de sus palabras, se mantenían atados a su condición de creyentes del judaísmo legalista y ritual, tampoco captaban sus reflexiones sobre las contradicciones a las que estaba expuesto por la claridad de sus denuncias, vislumbrando lo que el evangelista Marcos considera como un mesianismo crucificado, esto último les aterraba. 10 Es decir, se escandalizaban ante la posibilidad de un fracaso de las pretensiones de su maestro. Esto se refleja en el texto: “Entonces quedaron atemorizados y se decían unos a otros: quien es este, que hasta el viento y el mar le obedecen?” 11 No terminaban de entenderle porque sus mentes estaban atadas a otros modelos religiosos que no coincidían con el proyecto de Jesús.

Qué nos dicen lo uno y lo otro? La serenidad y el vigor de Jesús ante las inseguridades de sus discípulos? En qué nos parecemos y en qué tomamos distancia? Cómo es la calidad de nuestra fe? No vamos a presumir de valientes e intrépidos ante las dificultades que nos presenta la vida, todos experimentamos temores e incertidumbres. Pero se impone revisar a fondo nuestra actitud creyente y someterla a proceso crítico con la misma clave de Jesús, si nuestra fe es acomodada a un establecimiento jurídico-ritual, si nos incomoda lo que interrogue estas seguridades religiosas, si no admitimos el aspecto dramático-crucificado de la vida de Jesús.

De todo esto se deriva una invitación al realismo, lo vemos como una consecuencia de la encarnación de Dios en nuestra humanidad, en nuestra realidad, en el aspecto doloroso de la misma, en las muchas cruces a las que estamos expuestos los humanos. En la primera lectura del libro de Job, se dice que el Señor le contesta desde una tempestad, recurso frecuente para hablar de las manifestaciones de Dios en el Antiguo Testamento: “El Señor respondió a Job desde la tempestad diciendo: quién es ese que oscurece mi designio con palabras desprovistas de sentido? Ajústate el cinturón como un guerrero: yo te preguntaré y tú me instruirás”. 12

Ante la desconfianza de Job, Dios le está demostrando lo que es capaz de hacer por él para frenar todas las adversidades que lo aquejan. Job es símbolo de paciencia, resistencia y discernimiento del sentido mismo de la crisis, vive varias etapas en su proceso, la protesta ante la injusticia que lo aflige, la dependencia del consejo de sus amigos que lo incitan al desencanto frente a Dios, el paulatino reconocimiento de su precariedad y, en lo mismo, el surgimiento de la esperanza y del realismo creyente. 13 Dios lo interpela haciéndole caer en la cuenta de que El es el Señor de la historia. Las dificultades de la vida no son derrota para quien lo tiene como su principio y fundamento, de esto dan testimonio narrativas heroicas de hombres y mujeres que hicieron frente a la contradicción, incluyendo la ofrenda cruenta de su vida, corroborando con ello ese señorío y el temple profundo que los habilitó para no perder la batalla: el mismo que procede del Señor Jesús.

 Antonio José Sarmiento Nova, SJ 

BIBLIOGRAFÍA

1 BOFF, Leonardo. La amenaza de la convivencia en los días actuales. En https://www.alainet.org/es/articulo/183701 BELLO-MONTES, Catalina. Desafíos y estado futuro de la convivencia en Colombia al 2025. En Revista Criminalidad volumen 56 número 2, páginas 319-332. Policía Nacional de Colombia. Bogotá, mayo-agosto 2014. GIRALDO PATIÑO, Paula Andrea. El vacío existencial y la pérdida del sentido de vida en el sujeto postmoderno: retos para el cristianismo del siglo XXI. En Cuestiones Teológicas volumen 41, número 96; páginas 425-444. Universidad Pontificia Bolivariana. Medellín, julio-diciembre 2014. LIPOVETSKY, Gilles. La era del vacío: ensayos sobre el individualismo contemporáneo. Anagrama. Barcelona, 2002. ZALDÍVAR PÉREZ, Dionisio F. Pérdida de sentido y neurosis existencial. En https://www.pepsic.bvsalud.org/pdf/rcp/v14n1/10.pdf FROMM, Erich. El miedo a la libertad. Paidós. Barcelona, 2021. RENGIFO LÓPEZ, Julián David. La comunidad y el miedo: comportamiento de la sociedad colombiana durante los meses de cuarentena obligatoria por la crisis del covid-19. En Miradas volumen 15, número 1; páginas 143-165. Universidad Tecnológica de Pereira, junio 2020. 

2 RIVAS GARCÍA, Ricardo Marcelino. La crisis del humanismo: una revisión y rehabilitación de los supuestos del humanismo cristiano ante los desafíos del antihumanismo contemporáneo. En Franciscanum volumen LXI número 172; páginas 1-28. Universidad de San Buenaventura. Bogotá, 2019. FROMM, Erich. El corazón del hombre: su potencia para el bien y el mal. Fondo de Cultura Económica FCE. Ciudad de México, 1995.

3 UNAMUNO, Miguel de. Del sentimiento trágico de la vida. Austral. Barcelona, 1956. GARCÍA-ALANDETE, Joaquín. GALLEGO-PÉREZ, José Francisco.

4 RAMOS REGIDOR, José. El sacramento de la penitencia. Reflexión teológica a la luz de la Biblia, la historia y la pastoral. Sígueme. Salamanca, 1975. LITURGIA PAPAL. Ritual de la Penitencia. En https://www.liturgiapapal.org/attachments/article/844/Ritual%20de%20la%20Penitencia.pdf FLÓREZ, Gonzalo. Penitencia y Unción de Enfermos. Biblioteca de Autores Cristianos BAC. Madrid, 1993. PAPA JUAN PABLO II. Carta Apostólica Misericordia Dei sobre algunos aspectos del sacramento de la penitencia. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 2002. BOROBIO, Dionisio. La penitencia como proceso. De la reconciliación real a la reconciliación sacramental. San Pablo. Madrid, 2004.

5 MOLTMANN, Jürgen. Esperanza y planificación del futuro. Sígueme. Salamanca, 1987. ESTEVA, Gustavo. La crisis como esperanza. En Bajo el Volcán volumen 8 número 14 páginas 17-53. Universidad Autónoma de Puebla, 2008. NUSSBAUM, Martha C. La monarquía del miedo: una mirada filosófica la crisis política actual. Paidós. Barcelona, 2019. KABAT-ZINN, Jon. Vivir con plenitud las crisis. Kairós. Barcelona, 2009. MARINA, José Antonio. Anatomía del miedo. Un tratado sobre la valentía. Anagrama. Barcelona, 2006. 

6 MAHER, Mónica (coordinadora). Fundamentalismos religiosos, derechos y democracia. FLACSO. Quito, 2019. BELAUNDE MATOSSIAN, Francisco. Fundamentalismo religioso y política. Konrad Adenauer Stitfung. Lima, 2020. ALONSO TEJADA, Aurelio. Hegemonía y religión: el tiempo del fundamentalismo. Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales CLACSO. Buenos Aires, 2009.

7 Marcos 4: 37-40

8 SOLHAUNE, Liliana. Jesús en la barca. En https://www.surco.org/sites/default/files/cuadmon/solhaune_0.pdf SICRE, José Luis. El Evangelio de Marcos. Verbo Divino. Estella, 2020. GNILKA, Joachim. El evangelio según San Marcos (dos volúmenes). Sígueme. Salamanca, 1999.MARCUS, Joel. El Evangelio según Marcos (dos volúmenes). Sígueme. Salamanca, 2010. CENTRO BIBLICO VERBO DIVINO. Estudio orante del evangelio de Marcos. Verbo Divino. Quito, 2011. PIKAZA, Xabier. Evangelio de Marcos. La Buena Noticia de Jesús. Verbo Divino. Estella, 2012. MATEOS, Juan & CAMACHO, Fernando. El Evangelio de Marcos. El Almendro. Córdoba, 1993. AGUIRRE MONASTERIO, Rafael. La persecución en el cristianismo primitivo. En Revista Latinoamericana de Teología número 37, páginas 11-42. Universidad Centroamericana José Simeón Cañas UCA. San Salvador, 1996. GIL ARBIOL, Carlos. Los orígenes del cristianismo. En Almogaren número 49, páginas 163-193. Centro Teológico de Las Palmas. Palma de Gran Canaria, 2009. AGUIRRE MONASTERIO, Rafael. Así empezó el cristianismo. Verbo Divino. Estella, 2015. SAENZ, Alfredo. La Nave y las tempestades. Gladius. Madrid, 2005. MARTIN DE LA HOZ, José Carlos. Breve historia de las persecuciones contra la Iglesia. Rialp. Madrid, 2015. 

9 2 Corintios 5: 16-17. MESA BOUZAS, Miguel Angel. Espiritualidad para tiempos de crisis. Desclée de Brower. Bilbao, 2014. RAMBLA, Josep. El clamor del Espíritu en época de crisis. En https://www.seleccionesdeteologia.net/selecciones/llib/vol26/102/102_rambla.pdf

10 CARBULLANCA-NÚÑEZ, César. DE SOUZA NOGUEIRA, Paulo Augusto. Cristología del evangelio de Marcos. En Theologica Xaveriana volumen 67 número 84; páginas 333-359. Pontificia Universidad Javeriana. Bogotá, julio-diciembre 2017. j GONZALEZ FAUS, José Ignacio. Locura y escándalo: un Mesías crucificado y una historia marcada por la cruz. En https://www.scielo.br/pteo/a/ms5HGMf4TPqmKrCWh8sCj3d?lang=es VERNOLA, Pablo. Marcos 8: 27-33: una propuesta de identidad para discípulos en tiempo de crisis. En Revista Bíblica número 82; páginas 99-121. Asociación Bíblica Argentina. Buenos Aires, 2020.

11 Marcos 4: 41. 

12 Job 38: 1-3

13 MORLA, Víctor. El libro de Job: recóndita armonía. Verbo Divino. Estella, 2004. ARENS, Eduardo. Job, o la teología desde la dignidad humana. En Theologica Xaveriana volumen 60 número 170 páginas 371-394. Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá, 2010. GUTIERREZ MERINO, Gustavo. Hablar de Dios desde el sufrimiento del inocente. CEP. Lima, 1986. QUEZADA, Javier. El libro de Job: una drama psicológico en forma de panel. En Revista Iberoamericana de Teología número 2, páginas 33-68. Universidad Iberoamericana. Ciudad de México, enero-junio 2006. RAMOS , Alejandro. Job y el sentido del sufrimiento. Universidad Fasta. Mar del Plata, 2018. MAUREIRA PACHECO, Max. Disolución política de la teología: comentarios al libro de Job. En https://www.uv.es/sfpv/quadern_textos/v35p119-132.pdf SANZ GIMENEZ-RICO, Enrique. Job y Qohelet: el dolor y la muerte. En https://www.repositorio.comillas.edu/rest/bitstreams/28436/retrieve CARBAJOSA, Ignacio. Job sienta a Dios en el banquillo. Sobre el sufrimiento inocente. En https://www.it.clonline.org/cm-files/2017/07/18/carbajosa_giobbe:jot_down_spa.pdf

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Hablemos de la proximidad de Dios

Ser testigo del Evangelio no significa simplemente testimoniarlo ante el mundo, sino ser capaz de captar los testimonios que de él hay por todas partes. El Evangelio está de pie, y vivo, pendiente sólo de que venga alguien que lo vea y se asombre. 

Lo increíble es que Dios está mucho más cerca de lo que imaginamos. Basta abrir una puerta o una ventana y podemos encontrarlo; basta abrir los ojos o hacer silencio durante unos minutos. Nunca nos acostumbraremos a la proximidad de Dios: a su impregnarlo todo, todo…, a su no imponerse nunca, nunca… 

Me asusta pensar que Dios está aquí, en el papel sobre el que ahora escribo, ¡y hasta en la tinta! Que está en mi mano mientras la muevo en este instante, en mis ojos que miran lo que he escrito, en el viento que sopla esta noche y cuyo sonido tanto se parece al de hace dos noches. EL OLVIDO DE SÍ, Pablo d’Ors, Galaxia Gutenberg, 2024, p. 300-301

P. José Raúl Arbeláez SJ – Equipo CIRE Ampliado

Comunitas Matutina 16 de junio de 2024

COMUNITAS MATUTINA 16 DE JUNIO 2024 

DOMINGO XI DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO B

“También dijo Jesús: A qué se parece el reino de Dios o con qué podremos compararlo? Es como una semilla de mostaza que se siembra en la tierra. Es la más pequeña de todas las semillas del mundo, pero una vez sembrada crece y se hace mayor que todas las otras plantas del huerto, con ramas tan grandes que hasta las aves pueden posarse bajo su sombra”
(Marcos 4: 30-32)

Lecturas:
1. Ezequiel 17: 22-24
2. Salmo 91
3. 2 Corintios 5: 6-10
4. Marcos 4: 26-34

Recientemente ha fallecido el notable teólogo Jurgen Moltmann, 1 miembro de la Iglesia Evangélica Luterana de Alemania, pastor de su congregación, docente e investigador que benefició al cristianismo del siglo XX y de esta parte del XXI con valiosas obras 2 que ahora hacen parte del patrimonio universal del pensamiento cristiano. Su fecunda obra tiene la marca de la TEOLOGÌA DE LA ESPERANZA, 3 que así se titula su más importante escrito; publicado en 1966 este texto surge en la postguerra europea, principalmente en una Alemania que fue devastada por dos guerras mundiales en las que resultó perdedora y enjuiciada por la mayoría de naciones. La esperanza es el asunto nuclear de nuestra fe que abordan desde diversas ópticas las lecturas bíblicas que la Iglesia propone para este domingo.

El profesor Moltmann vivió en carne propia la crudeza de la segunda guerra mundial cuando fue obligado, como muchos jóvenes alemanes de la época, a enrolarse en las fuerzas militares del régimen nazi. En sus memorias relata que no hizo un solo disparo. Al concluir la contienda fue hecho prisionero por los ingleses en un campo de concentración en Bélgica en el trienio 1945-1948. De su testimonio de esa época data la convicción de haber perdido la esperanza en la cultura alemana que promovió la barbarie del asesinato masivo de judíos y de otros grupos étnicos y religiosos, en siniestros lugares de muerte como Auschwitz, Birkenau, Buchenwald. Es un tiempo europeo de ruinas espirituales, morales, físicas, económicas. Muchos jóvenes como él, es perfectamente comprensible, se desencantaron y entraron en profundas crisis espirituales y emocionales. A Moltmann le llegó la gracia por la amistad con un capellán que le obsequió un ejemplar del Nuevo Testamento y lo invitó a hacer parte de un grupo de cristianos que se reunían para alimentar su fe, orar y comentar las Escrituras. En este contexto surge su interés por formarse como teólogo y pastor siguiendo las pautas de la llamada Iglesia Confesante, segmento muy importante del luteranismo alemán que se opuso férreamente a la demencia de Hitler y del nazismo. Así, entendemos mejor ese formidable aporte suyo a la teología y a la espiritualidad, una formulación teológica desde la esperanza. 4 Al rendir homenaje a su memoria no podemos menos que ayudar a hacer vigente su experiencia espiritual y su juiciosa actividad como maestro de la fe, teología que en su momento animó a muchos a surgir de las ruinas con la mirada puesta en el Crucificado-Resucitado, legado que también ha de prolongarse hasta estos países nuestros de América Latina, nuestra Colombia, tan severamente afectados por injusticias, violencias, y desgobiernos sin fin. Con los mismos ojos de solidaridad miramos también al amplio mundo de seres humanos desilusionados por fracasos afectivos, soledades, caída de sus ídolos, decepción ante ideologías e instituciones, frustraciones de toda índole, vacíos de significado. Para todos-as ellos-as es el anuncio de la esperanza que porta el Señor Jesús.

La fuerza teológica y espiritual del trabajo de Moltmann reside en su vigorosa confianza en el Dios Crucificado 5 a quien Dios ha Resucitado y constituido Señor de la historia y Salvador de la humanidad. Esta es la raíz de su esperanza, la misma que nos mantiene desde hace siglos y que en cada momento de la historia reviste su modo particular para trascender las crisis y desencantos que causan los desafueros del poder y de las tragedias que el ser humano emprende contra sus semejantes: “Por eso tenemos siempre confianza. Sabemos que mientras vivamos en este cuerpo estaremos como en el destierro, lejos del Señor. Ahora no podemos verlo, sino que vivimos sostenidos por la fe; pero tenemos confianza y quisiéramos más bien desterrarnos de este cuerpo para ir a vivir con el Señor. Por eso procuramos agradar siempre al Señor, ya sea que sigamos viviendo aquí o que tengamos que irnos”. 6 En la formulación de esta teología moltmanniana hay una potente conexión entre la esperanza histórica y la apertura al futuro definitivo de Dios, la trascendencia plena del ser humano y de su historia. Por eso, algunos de los autores y pensadores de la teología de lo político y de la teología de la liberación tienen en Moltmann a uno de sus inspiradores. Un anuncio del Dios que se nos revela en Jesucristo pasa por una historia comprometida con las grandes causas de justicia y dignidad del ser humano, siempre abiertas a esa plenitud de los cielos nuevos y la nueva tierra: “Yo, el Señor, digo: también yo voy a tomar la punta más alta del cedro; arrancaré un retoño tierno de la rama más alta, y yo mismo lo plantaré en un monte muy elevado, en el monte más alto de Israel. Echará ramas, dará fruto y se convertirá en un cedro magnífico. Animales de toda clase vivirán debajo de él, y aves de toda especie anidarán a la sombra de sus ramas. Y todos los árboles del campo sabrán que yo soy el Señor”. 7

Fieles a Dios y al ser humano, fieles a la trascendencia definitiva y a la realidad histórica, en el mejor espíritu de la encarnación de Dios, la esperanza cristiana se afianza en el mundo, en los contextos de la humanidad, y aporta su jerarquía de valores para la construcción de un mundo justo y equitativo siempre proyectado a la plena consumación de la historia en el futuro de Dios, “Pues en Cristo quiso residir todo el poder divino, y por medio de él Dios reconcilió todo el universo ordenándolo hacia él, tanto lo que está en la tierra como lo que está en el cielo, haciendo la paz mediante la sangre que Cristo derramó en la cruz”. 8

En el análisis de la realidad, en el discernimiento de la misma, siempre estamos llamados a leer los signos de los tiempos 9 y a interpretarlos en clave creyente para responder con seriedad evangélica y humana a los desafíos que nos plantean los seres humanos en la diversidad de medios sociales en los que se desenvuelven, muchos de ellos con clamores de sentido y de justicia verdaderamente abrumadores. El anuncio de la Buena Noticia de Jesús debe ser responsable con el Evangelio y con el ser humano que lo acoge y busca en él significado y salvación. Esto es determinante en la configuración de la esperanza que procede del Señor Jesucristo.

Podemos apropiar el sentido de las dos sencillas parábolas que nos trae hoy el Evangelio de Marcos en esta óptica de la esperanza. Cuando Jesús, en el transcurso de su ministerio público, hizo del Reino de Dios el contenido central de su predicación, se fijó precisamente en seres humanos profundamente necesitados de ella, abatidos por mil causas que conocemos bien, se hizo portador del sentido teologal de la vida, siendo él mismo ese sentido, visibilizó al Dios misericordioso y compasivo, y alentó a esos entrañables prójimos suyos con el espíritu de las bienaventuranzas y con la preferencia amorosa del Padre para todos esos a quienes el “mundo” despreciaba ingresándolos ahora en la mesa del Reino. La pequeñez de sus vidas, de sus realidades sociales y domésticas, la toma Jesús como el germen de una nueva manera de ser – ese mismo Reino – cargado de posibilidades y de razones para una existencia plena: “Jesús dijo también: Con el reino de dios sucede como con el hombre que siembra semilla en la tierra; que lo mismo da que esté dormido o despierto, que sea de noche o de día, la semilla nace y crece, sin que él sepa cómo. Y es que la tierra produce por sí misma: primero el tallo, luego la espiga y más tarde los granos que llenan la espiga. Y cuando ya el grano está maduro, lo recoge, porque ha llegado el tiempo de la cosecha”. 10

Sean estas reflexiones una invitación al discernimiento juicioso de la sencillez pero también densidad de las señales del Reino, advirtiendo en lo oculto y discreto las potencialidades de la esperanza. La propuesta cristiana tiene que ser mucho más que repeticiones rituales, aquí lo que bulle es el Espíritu derramando sus dones y su vitalidad para que el Reino de Dios sea la raíz de nuestros proyectos de vida, germen de la nueva manera de ser que nos trae Jesús y garantía de una vida que valga la pena, una vida que supera el empobrecedor pragmatismo de las “programaciones” a las que nos somete un sistema que sólo sabe de domesticar mentes y de absolutizar poderes, riquezas, ideologías, consumos, liderazgos deleznables. Es el ser humano nuevo que nace con Jesús y en Jesús, sin pretensiones de fama y llamativas manifestaciones de “importancia”, quien sigue este camino toma también el estilo de sobriedad y moderación propio de quien se sabe relativo, de quien tiene puesta su confianza en Dios sin renunciar al ejercicio de su libertad y de su responsabilidad: “Tenemos confianza en Dios, porque sabemos que si le pedimos algo conforme a su voluntad, El nos oye. Y así como sabemos que Dios oye nuestras oraciones, también sabemos que ya tenemos lo que le hemos pedido”. 11

El Reino de Dios no acontece de modo espectacular, es de su esencia la discreción, el “bajo perfil”, que no por oculto es menos eficaz y capaz de hondas transformaciones en quien se deja tomar por su gracia: “Es la más pequeña de todas las semillas del mundo, pero una vez sembrada, crece y se hace mayor que todas las otras plantas del huerto, con ramas tan grandes, que hasta las aves pueden posarse bajo su sombra”. 12 Se dan así las mejores condiciones para cultivar esta esperanza, actitud que nos habilita para ser gestores de nuestra historia, para asumir la vida en la gratuidad de Dios, para ser nosotros narrativas del nuevo mundo que surge con el Evangelio, para trabajar a tiempo y a destiempo en esta apasionante tarea de llenar de sentido la vida de nuestros semejantes. 13
 
Antonio José Sarmiento Nova, SJ 

BIBLIOGRAFÍA

1 1926-2024

2 Teologìa de la Esperanza; 1966; El Dios crucificado, 1972; La Iglesia, fuerza del Espìritu, 1975; El hombre. Antropologìa cristiana en los conflictos del presente, 1971; El experimento esperanza, 1976; Un nuevo estilo de vida, 1981; Etica de la esperanza, 2011; Cristo para nosotros hoy, 1997; En el fin, el principio, 2004; Trinidad y Reino de Dios, 1980; con Eckhart Lor publicò Esperanza para un mundo inacabado, 2017. La venida de Dios: escatologìa cristiana, 2004. La Editorial Sìgueme de Salamanca (España) tiene publicadas en su catàlogo casi todas las obras de J. Moltmann.

3 MOLTMANN, Jurgen. Teologìa de la Esperanza. Sìgueme. Salamanca, 1972. 

4 CORDOVILLA PEREZ, Angel. Jurgen Moltmann. Aula de Teologìa de la Universidad de Cantabria. Santander, 2 de febrero de 2010. MONDIN, Battista. La teología de la esperanza hoy. En https://www.seleccionesdeteologia.net/assets/pdf/095_02.pdf BROWN, Stepehn. Cincuenta años despuès de la Teologìa de la Esperanza , la visión de Jurgen Moltmann sigue siendo fuente de inspiración. En https://www.oikoumene.org/es/news/50-years-after-theology-og-hope-jurgen-moltmanns-vision-continues-to-inspire BLOCH, Ernst. El principio esperanza. Aguilar. Madrid, 1980 (3 volùmenes). FLECHA ANDRES, Josè Ramòn. La esperanza cristiana en el ocaso de las utopías. En Salmanticensis número 60, páginas 17-42. Universidad Pontificia de Salamanca, 2013. GARCÌA GOMEZ-HERAS, J.M. Introducciòn: Un éxodo personal hacia la utopía En MOLTMANN, Jurgen & HURBON, Laennec. Utopìa y esperanza: diálogo con Ernst Bloch. Sìgueme. Salamanca, 1980. 

5 MOLTMANN, Jurgen. Teologìa de la Esperanza. Sìgueme. Salamanca, 1982; El experimento esperanza. Sìgueme. Salamanca, 1977; Esperanza y planificación del futuro. Sìgueme. Salamanca, 1971.
MOLTMANN, Jurgen. El Dios Crucificado. Sìgueme. Salamanca, 1999; El camino de Jesucristo: cristología en dimensiones mesiánicas. Sìgueme. Salamanca, 1993. BELTRÀN, Juliàn Andrès. Jurgen Moltmann : una aproximación a la teología de la cruz. En El Agora , volumen 13, número 1; páginas-243-260. Universidad de San Buenaventura. Medellìn, enero-junio 2013. HERNANDEZ DÌAZ, Heyner. La teodicea, el pathos de Dios y el Crucificado en la teología de la cruz de J. Moltmann. En Veritas número 40; páginas 121-144. Pontificio Seminario Mayor San Rafael. Valparaìso, agosto de 2018. CASALI, Vìctor. Teologìa de la Cruz de J. Moltmann. Universidad Adventista del Plata. Buenos Aires, 2017.

6 2 Corintios 5: 6-9

7 Ezequiel 17: 22-24.

8 Colosenses 1: 19-20.

9 CHENU, Marie Dominique. Los signos de los tiempos. En https://www.centromanuellarrain.uc.cl/images/pdf/textos/Chenu.SignosTiempos.pdf MERINO BEAS, Patricio. Discernir los signos de los tiempos. Perspectiva cristológica y pneumatològica. En Franciscanum volumen L, número 150; páginas 13-32. Universidad de San Buenaventura. Bogotà, septiembre-diciembre 2008. GONZALEZ CARVAJAL, Luis. Los signos de los tiempos. El Reino de Dios està entre nosotros. Sal Terrae. Santander, 1987. NOEMI, Juan. En búsqueda de una teología de los signos de los tiempos. En Teologìa y Vida volumen 48 nùmero 4; páginas 439-447. Pontificia Universidad Catòlica de Chile. Santiago, 2007. SCHICKENDANTZ, Carlos. Autoridad teológica de los acontecimientos históricos. En Teologìa volumen L número 115; páginas 157-183. Pontificia Universidad Catòlica Argentina. Buenos Aires, 2014; Signos de los tiempos: sentido y vigencia de una forma de proceder teológicamente. En Albertus Magnus volumen 9 nùmero 2; páginas 87-106. Universidad de San Tomàs. Bogotà, julio-diciembre 2018.

10 Marcos 4: 26-29 

11 1 Juan 5: 14-15.

12 Marcos 4: 31-32

13 PAPA BENEDICTO XVI. Carta Encìclica La Esperanza que Salva Spe Salvi. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 2007. BYUNG CHUL-HAN. El espíritu de la esperanza. Herder. Barcelona, 2024. GALILEA, Segundo. Espiritualidad de la esperanza. Publicaciones Claretianas. Madrid, 1988. ZUBIRI, Xavier. Las fuentes espirituales de la angustia y de la esperanza. En https://www.redicces.org.sv/jspui/bitstream/10972/3406/1/RLT-1991-022-G.pdf CASTRO CAVERO, Josè Manuel. La esperanza: fundamentos antropoteològicos. En Almogaren número 24, páginas 153-162. Centro Teològico de Las Palmas. Palma de Gran Canaria, 1999. LAÌN ENTRALGO, Pedro. Antropologìa de la Esperanza. Guadarrama. Barcelona, 1978. RAMOS GONZALEZ, Marifè. La fe esperanzada: còmo podemos recuperar su dinamismo? Aula de Teologìa de la Universidad de Cantabria. Santander, 18 de febrero de 2014. 

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Hablemos de los hábitos

Nuestros hábitos determinan si estamos dispuestos a escuchar cuando nuestro hijo está tratando de comunicarse y si estamos cuidando correctamente de nuestros cuerpos y nuestras mentes a medida que envejecemos. Nuestros hábitos determinan si llevamos toda nuestra inteligencia a lo que hacemos y si somos capaces de disfrutar de la belleza y el misterio del momento. 

Si queremos vivir una vida en la que seamos fieles a nosotros mismos, en que recordemos lo que más nos importa y expresemos nuestra creatividad y nuestro amor natural, tenemos que examinar nuestros hábitos con honestidad. 

Los hábitos son como las corrientes que crean los lechos de los ríos: con un flujo constante de agua, los lechos se convierten en cauces profundos. Y, sin embargo, si se redirige el flujo, los ríos pueden ser desviados. La neuroplasticidad hace que esto sea posible: las rutas del cerebro (incluidos los cauces de los hábitos que afectan a nuestro bienestar) se pueden alterar según la forma en que dirijamos nuestra atención. 

A donde va la atención, fluye la energía. Es esencial que nuestra conciencia atenta guíe este flujo de tal manera que nos ayude a alcanzar nuestro pleno potencial. EL HÁBITO DEL AQUÍ Y AHORA. Como el mindfulness puede ayudarte a acabar con los hábitos no saludables de una vez por todas, Hugh G. Byrne, Sirio, 2016, p. 10

P. José Raúl Arbeláez SJ – Equipo CIRE Ampliado

Comunitas Matutina 9 de junio de 2024

COMUNITAS MATUTINA 9 DE JUNIO 2024 

DOMINGO X DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO B

“Después entró Jesús en una casa, y se juntó de nuevo tanta gente que ni siquiera podían comer él y sus discípulos. Al saber que estaba allí, los parientes de Jesús acudieron a llevárselo, pues decían que se había vuelto loco”
(Marcos 3: 20-21)

Lecturas:
1. Génesis 3: 9-15
2. Salmo 129
3. 2 Corintios 4: 13 a 5:1
4. Marcos 3:20-35

Sin lugar a dudas una dimensión esencial de Jesús, de su ministerio, es ser signo de contradicción. Así lo vislumbra el anciano Simeón, cuando José y María acuden al Templo de Jerusalén para cumplir con el ritual judío de circuncidar y presentar al pequeño Jesús: “Simeón les dio su bendición, y dijo a María, la madre de Jesús: Mira, este niño está destinado a hacer que muchos en Israel caigan y muchos se levanten. Será un signo de contradicción que pondrá al descubierto las intenciones de muchos corazones. Pero todo esto va a ser para ti como una espada que te atraviese el alma”. 1 Jesús revela al mismo Dios, pues él lo es en plenitud, esto – aunque hoy nos parezca inusitado porque ya estamos “acostumbrados” a él – desconcierta profundamente a unos y a otros: a sus discípulos que poco acertaron al comienzo en la captación de su misterio, a las multitudes que lo seguían y escuchaban, gratamente sorprendidas por su exquisito trato y por el modo amoroso y compasivo de su conducta pero también cuestionados por las rupturas que planteaba y, por supuesto, a sus detractores, los sacerdotes y dirigentes oficiales de la religión judía que vieron en él a un hereje y contradictor de las tradiciones religiosas de Israel. 2 

Su manera de hablar de Dios, como Padre-Abba, su pretensión de autoridad: “La gente se admiraba de cómo les enseñaba, porque lo hacía con plena autoridad y no como los maestros de la ley”, 3 su resuelta predilección por los más desfavorecidos, su postura ante los rituales y normativas de la religión, su discreto silencio cuando se retiraba a la intimidad de la plegaria, su propuesta del Reino tan a contracorriente de los valores habituales que nos proponemos los humanos en todos los tiempos de la historia, los antídotos evangélicos propuestos en las bienaventuranzas que se hacen programa de libertad, buscar el servicio para desarmar el poder, proponer la vida austera como signo de comunión con los pobres y como soberanía ante la idolatría del dinero, luchar por la justicia en abierta confrontación contra los excesos de la injusticia, enaltecer al ser humano por su sola condición de tal, enriquecida con el ser todos hijos de Dios, son las muchas señales que desconciertan, causan controversia y desacomodan principalmente a los jefes religiosos de Israel y a todos aquellos que se sienten dueños de la verdad de Dios. Por todas estas cosas dice el evangelio de este domingo: “Al saber que estaba allí, los parientes de Jesús vinieron a llevárselo, pues decían que se había vuelto loco”. 4 En qué consiste la “locura” de Jesús? 5

Veamos. En el contexto del relato evangélico de hoy están involucrados los “enemigos” de Jesús, los que finalmente le condenaron a muerte: “También los maestros de la ley que habían llegado de Jerusalén decían: Beelzebu, el propio jefe de los demonios, es quien ha dado a este hombre poder para expulsarlos”, 6 aludiendo a sus exorcismos y curaciones milagrosas, y dejando ver que estaban profundamente escandalizados por su estilo tan novedoso y severo en su confrontación de la religión tradicional, enfocada principalmente en las formalidades minuciosas del culto y en la milimetría de su legislación. Quien tome en serio a Jesús, quien sea capaz de dar el paso cualitativo de una religiosidad de inercia sociocultural a una experiencia de libertad en Dios necesariamente rompe con los esquemas mundanos y con todas sus ofertas de fama, dinero, prestigio, poder, y con esa práctica de la religión marcada por la soberbia y por la presunción de sentirse mejores que los demás, típico proceder farisaico. 7 

Estamos ante una dialéctica que encontramos a menudo en los textos evangélicos: las oposiciones entre Reino de Dios-religión ritual, adorar al Padre en espíritu y en verdad-pureza exterior , libertad del ser humano en Dios-sometimiento a la ley, es un asunto clave que marca líneas de coherencia en el Evangelio de Jesús. El, en el mismo relato de Marcos, confronta a sus opositores “dueños de la religión”: “Les aseguro que Dios perdonará a los hombres todos los pecados y todo lo malo que digan; pero el que ofenda con sus palabras al Espíritu Santo no tendrá perdón, sino que será culpable para siempre. Esto lo dijo Jesús porque afirmaban que tenía un espíritu impuro”. 8 Ir contra el Espíritu Santo es rechazar de plano el don de Dios manifestado en Jesús y empeñarse en absolutizar la religión y su cumplimiento por sí misma y no como mediación entre Dios y la humanidad. 9

Las reiteradas polémicas de Jesús con los maestros religiosos del judaísmo de su tiempo concluyen en que estos se negaron definitivamente al don de Dios del que él es portador. No cupo en sus mentes rígidas la libertad del Evangelio, tampoco el Reino de Dios y su justicia; Jesús les resultó una enorme contradicción, desde su óptica no les era posible aceptar esta novedad, por eso lo llevaron al juicio, a la condena y a la cruz. A lo largo de los siglos se han filtrado en el cristianismo posturas semejantes, absolutizando lo ritual y legal externo y demeritando la conversión del corazón y la indispensable libertad de los hijos Dios, aportada por Jesús. La economía de salvación del Evangelio es radicalmente distinta: “La Escritura dice: tuve fe y por eso hablé. De igual manera, nosotros, con esa misma actitud de fe, creemos y también hablamos. Porque sabemos que Dios, que resucitó de la muerte al Señor Jesús, también nos resucitará nosotros con él y, juntamente con ustedes, nos llevará a su presencia”. 10 Trabajo de siempre en el mundo cristiano es recuperar la originalidad de Jesús, su misterio teologal, su prodigiosa síntesis de humanidad y divinidad, su Buena Noticia en la que la misericordia de Dios protagoniza la inclusión de todos los que se sienten perdidos y abandonados.

En su vida el acatamiento de la voluntad de Dios es principio y fundamento: “Y mirando a los que estaban sentados a su alrededor, añadió: “Estos son mi madre y mis hermanos. Todo el que hace la voluntad de Dios, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre”. 11 Jesús es el relato definitivo de Dios, en él y por él sabemos quien es el Padre, esto lo avala con la constante referencia a su voluntad. Esta consiste en la plenitud trascendente del ser humano, para eso El no escatima esfuerzo de crear oportunidades y modos para que nada de lo nuestro fracase y se pierda, ni por el pecado, ni por la injusticia, ni siquiera por la contundencia de la muerte. Por eso, todo el proceder de Jesús se arraiga en esa voluntad, con ellos también nos comunica un modo de ser para lograr plenitud y felicidad. La herramienta del discernimiento, consagrada en la tradición espiritual del Nuevo Testamento, es el modo del cristiano comprometido para sintonizar con la voluntad de Dios, 12 disipando tantos malentendidos que se le asignan a ella para justificar interpretaciones erróneas de la misma o arbitrariedades nuestras, que bajo el signo de esa voluntad imponemos a nuestros prójimos.

La soberbia humana, el pretender constituirse como medida de todo, prescindiendo de Dios y del prójimo, es la expresión concreta del desconocimiento de esa voluntad, que se traduce en tantas injusticias, violencias, guerras, pobrezas, exclusiones, maltrato a los seres humanos, afectos desordenados por el dinero, abuso del poder, implementación de modelos políticos y económicos que atentan contra nuestra propia dignidad, ideologías que proponen el lucro como criterio prioritario, negación del sentido trascendente de la existencia, atropello a la vida en todas sus manifestaciones. A propósito de este elenco de rupturas con Dios, pecaminosidades las llamamos, tenemos presente que hay personas que se molestan profundamente cuando se toca el sensible asunto del pecado, tal vez hastiadas de la antigua predicación fundamentalista sobre esta materia o sumergidas en la disolvente cultura del relativismo moral. Constatarlo no es motivo para silenciar la palabra profética que tiene como deber aludir a esta realidad, porque sería otorgar argumentos y autoridad a quienes – personas o instituciones – pactan con el mal. 13

El relato del Génesis que es primera lectura de este domingo revela la confrontación entre Dios y el ser humano, cuando este va en contra de su realización y emprende el fracaso del pecado: “Pero Dios el Señor llamó al hombre y le preguntó: dónde estás? El hombre contestó: oí que andabas por el jardín y tuve miedo porque estoy desnudo. Por eso me escondí. Entonces Dios le preguntó: y quien te ha dicho que estás desnudo? Acaso has comido del fruto del árbol del que te dije que no comieras? El hombre contestó: la mujer que me diste por compañera me dio de ese fruto y yo lo comí. Entonces Dios preguntó a la mujer: por qué lo hiciste? Ella respondió: La serpiente me engañó y por eso comí del fruto”. 14

Extraordinario don de Dios es nuestra libertad, con ella lo acogemos y vivimos libres y felices en El, o lo rechazamos y construimos nuestros propios modos. En el relato bíblico Dios “pide cuentas” a Adán, luego a Eva, ninguno se hace responsable, la culpabilidad está en “otra realidad”, la culpa se diluye y el mal campea con su poder destructivo sin encontrar una fuente de responsabilidad. Así, las situaciones y estructuras de pecado son producto de tristes causalidades? Se trata de causas indeterminadas a las que no es posible confrontar? Algo así como el infantil “yo no fui, fue Juanito”, cuando papá y mamá exigen al niño que asuma su culpa por lo cometido. A la profecía de Jesús le compete denunciar el mal moral, no soslayarlo, y proponer el bien moral según el Evangelio como alternativa de felicidad y plenitud.
 
Antonio José Sarmiento Nova, SJ 

BIBLIOGRAFÍA

1 Lucas 2: 34-35

2 MONTES, Fernando. Jesùs como signo de contradicción. En Mensaje volumen 64 , número 643; página 19. Jesuìtas Chile, octubre 2015. NOGUEZ, Armando. Las grandes controversias de Jesùs. Relatos, historia y mensaje descolonizador según Marcos. Verbo Divino. Estella, 2023. SOBRINO, Jon. El principio misericordia: bajar de la cruz a los pueblos crucificados. Sal Terrae. Santander, 1992. ECHEGARAY, Hugo. La pràctica de Jesùs. Centro de Estudios y Publicaciones CEP. Lima, 1986. KASPER, Walter. La misericordia: clave del Evangelio y de la vida cristiana. Sal Terrae. Santander, 2012. MEIER, John P. Un judío marginal: nueva visión del Jesùs histórico (5 volùmenes). Verbo Divino, 2005. PAGOLA, Josè Antonio. Recuperar el proyecto de Jesùs. PPC. Bogotà, 2015. SCHWEIZER, Edward. Jesùs, signo de contradicción. En https://www.seleccionesdeteologia.net/assets/pdf/045.07.pdf DROUZY, M. Jesùs come con los pecadores. En https://www.seleccionesdeteologia.net/assets/pdf/016_08.pdf GARRIDO, Javier. El camino de Jesùs. Sal Terrae. Santander, 2006. 

3 Marcos 1: 22

4 Marcos 3: 21

5 AGUILERA, Juan Miguel. La locura de Dios. Suma de Letra. Madrid, 2003. GIL ARBIOL, Carlos. La locura de la cruz y el desafío al imperio. Aula de Teologìa de la Universidad de Cantabria. Santander, 21 de octubre de 2008. OCTARIANO WIDIANTORO, Dominicus Savio. “Loco por Cristo”: en la tradición, en San Ignacio y en el mundo de hoy. Trabajo de grado para obtener el título de Master en Espiritualidad. Universidad Pontificia de Comillas. Madrid, junio 2022. GONZALEZ FAUS, Josè Ignacio. Locura y escàndalo: un Mesìas Crucificado y una historia marcada por la cruz. En Perspectiva Teològica volumen 52 nùmero 3; páginas 585-606. Faculdade Jesuita de Filosofia e Teologia FAJE. Belo Horizonte, septiembre-diciembre 2020. GUERRERO, Josè Ramòn. El otro Jesùs. Sìgueme. Salamanca, 1978. BLINZLER, Josef. El proceso de Jesùs. Editorial Litùrgica Española. Barcelona, 1959. MACHOVEC, Milan. Jesùs para ateos. Sìgueme. Salamanca, 1977.

6 Marcos 3: 22 

7 GARCÌA, Pedro Josè. Los valores y antivalores en el plan del Reino proclamado por Jesùs: su actitud ante el dinero, el poder y el prestigio. En Teorìa y Praxis número 6; páginas 93-105. Universidad Autònoma de Quintana Roo. Chetumal, 2005. THEISSEN, Gerd. El movimiento de Jesùs. Historia social de una revolución de los valores. Sìgueme. Salamanca, 2009. AGUIRRE MONASTERIO, Rafael. Jesùs anuncia el Reino y nos revela un Dios Padre entrañable y misericordioso. Aula de Teologìa de la Universidad de Cantabria. Santander, 8 de noviembre de 2011; La mirada de Jesùs sobre el poder. En Teologìa y Vida volumen 55, número 1; páginas 83-104. Pontificia Universidad Catòlica de Chile. Santiago, 2014. CASTILLO SÀNCHEZ, Josè Marìa. El Reino de Dios: por la vida y la dignidad de los seres humanos. Desclèe de Brower. Bilbao, 1999. RUIZ ORTEGÒN; Laura Catalina. El Reino de Dios como un proyecto presente. En Reflexiones Teològicas número 13; páginas 115-136. Pontificia Universidad Javeriana. Bogotà, julio-diciembre 2014. HORSLEY, Richard. La revolución del Reino. Còmo Jesùs y Pablo transformaron el mundo antiguo. Sal Terrae. Santander, 2005.

8 Marcos 3: 28-30

9 FEUILLET, Andrè. La situación privilegiada de Israel en su rechazo de Cristo según la Carta a los Romanos. En Scripta Theologica volumen 15 nùmero 1; páginas 31-82. Universidad de Navarra. Pamplona, 1983. CASTILLO, Josè Marìa. La alternativa cristiana. Sìgueme. Salamanca, 1981. SANDERS, E.P. Jesùs y el judaísmo. Trotta. Madrid, 2004. BUBER, Martin. Dos modos de fe. Caparròs. Madrid, 1996. 

10 2 Corintios 4: 13-14

11 Marcos 3: 34-35.

12 CASTILLO, Josè Marìa. El discernimiento cristiano: por una conciencia crìtica. Sìgueme. Salamanca, 1984.GARCÌA DE CASTRO, Josè. La historia del discernimiento espiritual. Aula de Teologìa de la Universidad de Cantabria. Santander, 28 de noviembre de 2017. CATALÀ, Toni. Discernimiento y vida cotidiana. Cristianismo y Justicia. Barcelona, 2016. ARENAS MOLINA, Enrique. Abandonarse con confianza en Dios. Uniagustiniana. Bogotà, 2019. WINKLER KOCH, Andrès. En què sentidos se es libre cumpliendo la voluntad de Dios, según San Agustìn. Trabajo de grado para obtener el título de Licenciado en Filosofìa. Universidad de Chile, 2014. THUNE, Robert & WALKER, Willa. La vida centrada en el Evangelio. New Growth Press. Greensboro, 2009. CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA. Aquì estoy, Señor, hágase tu voluntad. Materiales para la jornada mundial de la vida consagrada. CEC. Madrid, 2014. MIFSUD, Toni. El discernimiento: de la espiritualidad a la ética. En Cuestiones Teològicas volumen 47, número 108; páginas 34-54. Universidad Pontificia Bolivariana. Medellìn, julio-diciembre 2020. 

13 ESQUIVEL ESTRADA, Noé Héctor. Del relativismo moral al universalismo ético y sus paradojas. En La Lámpara de Diógenes, volumen 5, números 8 y 9; páginas 199-138. Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, 2004. APPEL, Karl Otto. Etica comunicativa y democracia. Crítica. Barcelona, 1991. RATZINGER, Joseph. Verdad, valores , poder. Piedras de toque de la sociedad pluralista. Rialp. Madrid, 2020. SINA, Petrus. La dictadura del relativismo y la política en Benedicto XVI. Tesis de grado para obtener el título de Doctor en Filosofía. Universidad Pontificia de Salamanca, 2021. GIL ESPINOSA, María Isabel. Conciencia de pecado y sentimiento de culpa. En Cuestiones Teológicas volumen 36, número 86; páginas 303-326. Universidad Pontificia Bolivariana. Medellín, junio-diciembre 2009. ESPINOSA ARCE, Juan Pablo. El pecado, negación consciente al o(O)otro. Una interpretación desde la filosofía de Byung Chul-Han. En Proyección volumen LXVII, páginas 301-310. Universidad Loyola de Andalucía. Granada, 2020. VIDAL, Marciano. Cómo hablar del pecado hoy. Hacia una moral crítica del pecado. PPC. Madrid, 1977.

14 Génesis 3: 9-13. 

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Comunitas Matutina 2 de junio de 2024

COMUNITAS MATUTINA 2 DE JUNIO 2024 

SOLEMNIDAD DEL CUERPO Y DE LA SANGRE DE CRISTO CICLO B 

“Tomen, este es mi cuerpo…Esta es mi sangre de la alianza que es derramada por muchos”
(Marcos 14: 22 y 24)

Lecturas:
1. Éxodo 24: 3-8
2. Salmo 115
3. Hebreos 9: 11-15
4. Marcos 14: 12-16 y 22-26

Esta celebración del Cuerpo y de la Sangre de Cristo es una excelente coyuntura pastoral-litúrgica para referirnos a la pedagogía sacramental de la Iglesia. Dios se dice a sí mismo con eficacia salvadora y liberadora. En su estrategia, si así podemos llamar a su quehacer salvífico, se vale de lenguajes que comunican al ser humano su vitalidad, su gracia, que lo van configurando en una humanidad modelada por El mismo. El lenguaje de Dios se expresa en los acontecimientos de la historia, esta es la gran lógica de la revelación bíblica, por eso el pueblo de Israel “leyó” en los hechos de su vida individual y comunitaria las palabras de ese Dios único empeñado en hacerlos libres mediante el compromiso de una existencia fundamentada en los compromisos de la alianza, el gran pacto de autenticidad ética y espiritual que dio identidad a este pueblo. Toda la historia del Antiguo Testamento es una gran narrativa teologal y antropológica en la que se experimenta la intención de Dios con respecto a este pueblo-prototipo y al mismo tiempo se destaca la manera como los israelitas respondieron, unas veces en fidelidad generosa, otras en desacato y alejamiento de sus responsabilidades con El. Sobre esta base podemos decir que la historia humana, vista y asumida en esta óptica, es “sacramento” de Dios. 1 Se marca así un modo de ser del cristianismo: Dios sucede en la realidad, en la historia, no hay dualidad entre el espacio profano y el espacio sagrado. Es una historia en la que Dios se significa como lenguaje definitivo de sentido para el ser humano.

Con esto llegamos al lenguaje decisivo de Dios: El se manifiesta plenamente en el ser humano histórico Jesús de Nazaret, exaltado y reconocido en el cristianismo primitivo como el Señor, el Cristo, el Ungido, la Palabra de Dios. En la historia del Señor Jesús Dios nos dice en qué consiste ser auténticamente humano y auténticamente divino, él es el lenguaje de Dios por excelencia, su más plena sacramentalidad: 2 “El es imagen de Dios invisible, Primogénito de toda la creación, porque en él fueron creadas todas las cosas, en los cielos y en la tierra, las visibles y las invisibles, tronos. Dominaciones, principados, potestades. Todo fue creado por él y para él; él existe con anterioridad a todo y todo tiene en él su consistencia”. 3

Esta reflexión se consigna aquí para que afinemos nuestra percepción del modo como Dios actúa, es en lo histórico, en lo real, en la vida nuestra. Así, el Espíritu nos dota de la fe, como la frecuencia modulada que nos permite “leer y entender” el talante sacramental-histórico de Dios. Y es la base también – muy esencial! – para apreciar la sacramentalidad de la Iglesia misma y de las siete realidades en las que se nos comunica con eficacia la gracia de Dios: introducirnos en la vida de Dios (bautismo), madurarnos en ella (confirmación), tendernos su mano amorosa cuando fracasamos pecando (reconciliación/penitencia), significarnos como comunidad centrada en el Señor Jesús alimentándonos de su cuerpo y de su sangre (eucaristía), dar estatuto sacramental al amor de pareja (matrimonio), configurar a los servidores y pastores de la comunidad (orden), dispensarnos su gracia en la fragilidad de la enfermedad y en la disposición para la muerte (unción de los enfermos). 4 Pues bien, la eucaristía está plenamente integrada en esta dinámica sacramental de la Iglesia, ella reconoce la centralidad del Señor Jesucristo en la vida eclesial dándonos de sí mismo su cuerpo y su sangre para que se dé en nosotros su propia vitalidad, partiéndose y compartiéndose, como lo vivió en su cruenta pasión para que también nosotros, como cuerpo eclesial y cada uno en particular, llevemos una existencia de donación de nuestro ser para servicio del prójimo y formación de la comunidad de discípulos del Señor. 5

Esta evocación nos lleva a pensar en cuántas veces participamos en ella de modo individualista, con el corazón no convertido a Dios y al prójimo, con claras responsabilidades de nuestra parte en materia de injusticia y de desconocimiento de la implicación comunitaria del Cuerpo y de la Sangre de Cristo, cuya feliz realidad celebra la Iglesia en este domingo. Qué decir de tan entrañable y definitivo sacramento en esta Colombia herida por la violencia, por los desencuentros entre el pueblo y sus gobernantes, por sus 20 millones de ciudadanos empobrecidos, por las muchas injusticias que aquí se cometen. Cómo celebrar la eucaristía con autenticidad evangélica, eclesial y social, en nuestro país?

Los sacramentos son signos que se refieren a realidades trascendentes, de carácter definitivo para la plenitud humana, que habitualmente no pueden entrar a través de nuestra percepción sensorial. Estos signos – el agua, los óleos, el pan, el vino, para señalar los más conocidos – nos remiten a lo significado, a aquella realidad proveniente de Dios que se vale de un lenguaje humano para comunicar la eficacia gratuita de sus dones, que nos hacen mejores personas según el modelo central que es el mismo Jesús. 6

José María Castillo 7 fue un teólogo español, de avanzada eclesial, siempre preocupado porque el lenguaje y prácticas de la fe y de la pastoral pierden su fuerza transformadora, se convierten en rituales desconectados de la realidad existencial. A este asunto dedica un denso libro llamado “Símbolos de libertad: teología de los sacramentos”, escrito en 1980. 8 Su pretensión es estudiar el sentido profundo de los sacramentos , en general y en particular de cada uno de ellos, remontarse a la tradición bíblica, someter a revisión crítica las deformaciones de interpretación y de vivencia cotidiana, y rescatar esa originalidad eficaz de Jesucristo que se implica en la realidad humana, histórica, para liberarla de sus ambigüedades, siempre asumiendo que lo humano es el canal de significación para remitirnos al contenido original de vida de Dios en nosotros y de humanidad nueva, que logramos gracias al mismo Señor que se nos ofrece gratuitamente: “La iglesia es fiel a Jesús cuando celebra, por la fuerza del Espíritu, los mismos gestos simbólicos que realizó Jesús; cuando se adhiere a su destino y comulga con su vida, cuando perdona los pecados y libera a los hombres de las fuerzas de esclavitud y de muerte que operan en la sociedad, cuando sana las raíces del mal y del sufrimiento que oprimen a todos los crucificados de la tierra. Cuando todo eso no son palabras, sino experiencias reales y concretas, vividas cada día en cada comunidad de fe, entonces cada una de esas comunidades expresa auténticamente tales experiencias mediante los símbolos fundamentales de nuestra fe a los que llamamos sacramentos”. 9

El partir el pan forma parte de la esencia del signo. Jesús se hace presente en ese signo, no en la materialidad del pan o del vino, sino en el contenido teologal que se significa. Lo repetimos: es el pan partido, repartido, compartido. Es el mismo Jesús que se deshace de la propiedad de su vida para darla toda sin reservas, ilimitadamente, con el amor que se desborda para participarnos la vitalidad de Dios, y para re-significar una humanidad ambiciosa, mezquina, egoísta, en una humanidad fraternal, solidaria, servicial, de diakonía y de koinonía. 10 El culto que se inaugura con Jesús supera definitivamente el concepto y práctica de la mediación religiosa concebida como un poder asignado a algunos exclusivamente, él mismo es la ofrenda grata a Dios y a la humanidad, es el don de su propia vida para darnos a todos la abundancia de la vida que Dios nos comunica, esta es la novedad del culto que Jesús establece. Este es contenido central de la carta a los Hebreos, de la que se toma la segunda lectura de este domingo: “En cambio, Cristo se presentó como sumo sacerdote de los bienes futuros, oficiando en una tienda mayor y más perfecta , no fabricada por mano de hombre, es decir, no de este mundo. Y penetró en el santuario, una vez para siempre, no presentando sangre de machos cabríos ni de novillos, sino su propia sangre. De este modo consiguió una liberación definitiva”. 11

En el contexto de la celebración pascual propia de los judíos, Jesús vive los acontecimientos definitivos de su pasión, de la ofrenda total de su cuerpo y de su sangre, y, reunido con sus discípulos, expresa el sentido total de su existencia y de su misión: “Mientras estaban comiendo, tomó pan, lo bendijo, lo partió, se lo dio y dijo: Tomen, este es mi cuerpo. Tomó luego una copa y, después de dar las gracias, se la pasó y bebieron todos de ella. Y les dijo: esta es mi sangre de la alianza , que es derramada por muchos”. 12 El escueto relato de Marcos tiene suficiente elocuencia: Jesús es el don de Dios para plenitud y salvación de la humanidad, él nos indica el camino de la mesa servida y compartida como signo eficaz de una manera de ser y de vivir, en comunión y en participación solidaria. 13 El carácter genuino del sacramento eucarístico nos compromete a dejar atrás un modelo de religiosidad individualista, saturado de prácticas piadosas y de rituales, sin mayor impacto en la transformación de las relaciones sociales, para dar paso a la originalidad de Jesús. El fin último de la eucaristía es hacer presente con los signos del pan y del vino el ágape que nos funde con Dios y nos abre a los demás, hasta sentirlos también fundidos en Dios. Esta es la gracia del sacramento que celebramos en este domingo, pan partido, repartido, compartido, vida que se ofrece para todos, sangre derramada que da a todos la vitalidad del amor de Dios que nos hace comunidad a partir del Evangelio. 14

Comer el pan y beber la copa son actos inseparables; quiere decir que no se puede aceptar la muerte de Jesús sin aceptar su entrega hasta el fin, y que el compromiso de quien sigue a Jesús incluye una entrega como la suya. Este es el verdadero significado de la eucaristía.
 
Antonio José Sarmiento Nova, SJ 

BIBLIOGRAFÍA

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2 SCHYLLEEBECKX, Edward. Cristo, sacramento del encuentro con Dios. Dinor. San Sebastián, 1967. PLASCENCIA ALDRETE, Juan Carlos. Los sacramentos de la humanidad de Cristo. Un acercamiento a la vida sacramental. En https://antoniano.org/publica/pua/dispense/6.%20PlascenciaSacra.pdf ALVAREZ GOMEZ, Ignacio. Cristo, sacramento de Dios en la historicidad de los hombres. En Cuestiones Teológicas volumen 33, número 80; páginas 281-314. Universidad Pontificia Bolivariana. Medellín, julio-diciembre de 2006. OROZCO RUANO, Raúl. La humanidad de Cristo como fundamento de la sacramentalidad. En Revista Española de Teología número 78, páginas 73-100. Universidad San Dámaso. Madrid, 2018. DAELEMANS, Bert. De la praxis misericordiosa de Jesús a los sacramentos de la Iglesia. Aula de Teología de la Universidad de Cantabria. Santander, 9 de febrero de 2016.

3 Colosenses 1: 15-17

4 CASTILLO, José María. Los sacramentos, símbolos de libertad. Teología de los Sacramentos. Sígueme. Salamanca, 1982. MARTÍNEZ MARTÍNEZ, Germán. Los sacramentos signos de libertad. Sígueme. Salamanca, 2009. GONZÁLEZ FAUS, José Ignacio. Símbolos de fraternidad. Sacramentología para empezar. Cristianismo y Justicia. Barcelona, 2013. ESPEJA, Jesús. Para comprender los sacramentos. Verbo Divino. Estella, 1990. BOROBIO, Dionisio. Para que los sacramentos sean creíbles. Aula de Teología de la Universidad de Cantabria. Santander, 12 de febrero de 2013. TORRES QUEIRUGA, Andrés. Los sacramentos hoy: significación y vivencia. En Revista Latinoamericana de Teología número 74; páginas 119-141. Universidad Centroamericana José Simeón Cañas. San Salvador, 2008. 

5 BOROBIO, Dionisio. Eucaristía. Biblioteca de Autores Cristianos BAC. Madrid, 2000. BOTELLA CUBELLS, Vicente. El sacramento de la eucaristía. Evolución histórica. Aula de Teología de la Universidad de Cantabria. Santander, 2015. LAVERDIERE, E. Comer en el Reino de Dios. Los orígenes de la eucaristía en el evangelio de Lucas. Sal Terrae. Santander, 2002. MARTÍNEZ MORALES, Víctor. Sentido social de la Eucaristía (3 volúmenes). Pontificia Universidad Javeriana. Bogotá, 2003.

6 GUILLET, Jacques. De Jesús a los sacramentos. Verbo Divino. Estella, 1991. CHAUVET, Louis Marie. Símbolo y sacramento: dimensión constitutiva de la existencia cristiana. Herder. Barcelona, 1991. CASTELLANO CERVERA, Jesús. La eucaristía que edifica la Iglesia. En Teresianum número 56, páginas 3-53. Facultad Teológica Teresianum. Roma, 2005. SECRETARIADO DIOCESANO DE JUSTICIA Y PAZ. Eucaristía y compromiso por la justicia y la paz. Diócesis de Orihuela-Alicante, 2023. BIERITZ, Karl-Heinrich. Eucaristía y estilo de vida. En https://www.seleccionesdeteología.net/assets/pdf/132_06.pdf SCAMPINI, Jorge. La eucaristía, primicia y fundamento de un orden social verdaderamente justo. En Teología Tomo LIII número 119; páginas 45-80. Pontificia Universidad Católica Argentina. Buenos Aires, 2016. PANIER, Louis. El pan y la copa: palabra dada para un tiempo de ausencia. En Concilium número 310; páginas 61-72. Verbo Divino. Estella, abril 2005.

7 1919-2023.  

8 CASTILLO, José María. Símbolos de libertad: teología de los sacramentos. Sígueme. Salamanca, 1980.

9 Obra citada, página 458.

10 La palabra griega diakonía significa servicio, dedicación al servicio de la comunidad, es el término que se utiliza en el Nuevo Testamento para designar los ministerios dentro de la comunidad cristiana. Y la palabra koinonía, también de origen griego, es la expresión que significa la comunión de todos los cristianos en torno a la persona de Jesús. 

11 Hebreos 9: 11-12. GARCÍA HUIDOBRO, Tomás. La carta a los Hebreos: una visión desde las teologías del templo. Sígueme. Salamanca, 2014. VANHOYE, Albert. El mensaje de la carta a los Hebreos. Verbo Divino. Estella, 1985.

12 Marcos 14: 22-24

13 BENEDICTO XVI. Exhortación apostólica postsinodal SACRAMENTUM CARITATIS sobre la eucaristía, fuente y culmen de la vida y de la misión de la Iglesia. Tipografía Vaticana. Roma, 2007.

14 CODINA, Víctor. Nuevos enfoques teológicos sobre la eucaristía. En https://www.redicces.org.sv/jspui/bistream/10972/3168/1/RLT-2005/066-C.pdf . GESTEIRA GARZA, Manuel. La eucaristía, misterio de comunión. Cristiandad. Madrid, 1983.LEON-DUFOUR, Xavier. La fracción del pan: culto y existencia en el Nuevo Testamento. Cristiandad. Madrid, 1983. BASURKO, Xavier. Para comprender la eucaristía. Verbo Divino. Estella, 2000. THURIAN, Max. La eucaristía, memorial del Señor. Sígueme. Salamanca, 1967. 

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Hablemos del buen ladrón

Bajo el sol vemos a un hombre desnudo atado a un tronco de árbol, ceñidos los flancos por un paño que le cubre las partes llamadas pudendas o vergonzosas, y los pies los tiene asentados en lo que queda de una rama lateral cortada. 

Sin embargo, y para mayor firmeza, para que no se deslicen de ese soporte natural, dos clavos los mantienen, profundamente clavados. Por la expresión del rostro, que es de inspirado sufrimiento, y por la dirección de la mirada, perdida hacia lo alto, debe de ser el Buen Ladrón. 

El pelo, ensortijado, es otro indicio que no engaña, sabiendo como sabemos que los ángeles y los arcángeles así lo llevan, y el criminal arrepentido está, por lo ya visto, camino de ascender al mundo de las celestiales creaturas. EL EVANGELIO SEGÚN JESUCRISTO, José Saramago, Punto de Lectura, 2008, p. 11.

P. José Raúl Arbeláez SJ – Equipo CIRE Ampliado

Hablemos de… la comprensión intelectual de la realidad

Los neurólogos afirman que en realidad no tenemos un contacto directo con el mundo que habitamos. Tan solo tenemos perspectivas que llegan a nosotros a través de los intrincados circuitos de nuestro sistema nervioso, por lo que todos nosotros -tanto científicos como místicos- solo conocemos representaciones de la realidad, no la realidad en sí misma.

Afrontamos el mundo tal como se presenta ante nosotros, no como es intrínsecamente, por lo que algunas de nuestras interpretaciones podrían ser más adecuadas que otras. Estas noticias en cierto modo inquietantes implican que las “verdades objetivas” en las que nos basamos son inherentemente ilusorias.

El mundo está “ahí”: su energía y forma existen. Pero nuestra comprensión del mismo solo es una proyección mental. El mundo está fuera de nuestro cuerpo, pero no fuera de nuestra mente. “Somos este pequeño universo- explicó el místico benedictino Bede Griffiths (1906-1993)-, un microcosmos en el que el macrocosmos está presente como un holograma”. Estamos inmersos en una realidad que trasciende -o que “va más allá”- de nuestra comprensión intelectual. EL ARTE PERDIDO DE LAS ESCRITURAS, Karen Armstrong, Paidós, 2020, p. 14

P. José Raúl Arbeláez SJ – Equipo CIRE Ampliado

Comunitas Matutina 26 de mayo de 2024

COMUNITAS MATUTINA 26 DE MAYO 2024 

SOLEMNIDAD DE LA SANTISIMA TRINIDAD CICLO B

“Reconoce hoy y medita en tu corazón que el Señor es Dios – allá arriba en el cielo, y aquí abajo en la tierra – y no hay otro”
(Deuteronomio 4: 30)

Lecturas:
1. Deuteronomio 4: 32-40
2. Salmo 32
3. Romanos 8: 14-17
4. Mateo 28: 16-20

El Gran desafío es hablar de Dios de modo cercano y comprensible para todos los que escuchan su propuesta a través de las mediaciones religiosas. Es frecuente la crítica que se hace a algunos lenguajes religiosos por inaccesibles y desentendidos de la vida real de los seres humanos. Tenemos que ser humildes y aceptar esta confrontación, lo que está en juego es la relevancia salvífica de Dios, no sólo en el aspecto lingüístico sino en el existencial, que es el verdaderamente definitivo. 1 Vale la pena poner esta cuestión central sobre el tapete en el día en el que en la Iglesia celebramos a Dios como Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Qué implicaciones tiene esto para la humanidad? Qué tiene que ver el Dios trinitario con nosotros, con nuestros sentidos de vida? Sabemos que tiene TODO que ver, pero debemos abordar una pedagogía comunicativa inteligente y encarnada para explicitar este vínculo decisivo para nuestra condición humana.

El proyecto de Dios es tan potente que no lo podemos minimizar en esas presentaciones que lo ponen como una especie de enemigo supremo nuestro, con sus imágenes deformadas de juez, castigador, vigilante, policía, encargado de asignar culpas y castigos, de moralizar y de prohibir el gozo de la vida. 2 Tampoco, por supuesto, con la idea de un abuelo bonachón y permisivo, o con Alguien con quien se pueden hacer transacciones, “comercios” de tipo religioso y salvífico. Una de las causas del ateísmo y del alejamiento de la práctica religiosa reside en los lenguajes irrelevantes sobre Dios y sobre el ser humano, en los modos moralistas y condenatorios con los que algunos mensajeros de la fe transmiten su pensar sobre Dios.

En el libro del Génesis se nos dice: “Y Dios creó al ser humano a su imagen; lo creó a imagen de Dios, los creó varón y mujer”, 3 esta afirmación está en la base misma de la revelación judeo cristiana, es la constatación creyente de que Dios se implica gratuitamente en el ser humano y lo hace partícipe de su misma naturaleza. Es una afirmación colosal, en nosotros está la impronta de la divinidad, fundamento de la concepción cristiana del ser humano. No podemos entender a Dios si no entendemos al varón-mujer y lo asumimos en su dignidad. Todo lo de Dios es para la humanidad, incondicionalmente. El asunto que ocupa prioritariamente a Dios es la plenitud, la salvación, la liberación del ser humano. Expresar esto es fundamental a la hora de proponer la enseñanza-testimonio sobre Dios. Las imágenes que distorsionan a Dios tienen su correlativo en falsas imágenes de lo humano. Dios justiciero, Dios intransigente, Dios que prohíbe, Dios vengativo, Dios vigilante, Dios que castiga, Dios terrorífico; son proyecciones neuróticas, manipulaciones de Dios, utilizaciones apocadas que van en detrimento nuestro, dando a entender una imagen antipática de las mediaciones religiosas y una correlativa de seres humanos incompletos, insuficientes.

La fe cristiana, en sus más de veinte siglos de historia, se ha inculturado en diversos medios sociales, en maneras de interpretación, en instrumentos conceptuales, que intentan explicar a los creyentes, también a los que no creen, esa realidad de Dios que se ha manifestado en Jesucristo, comprensión que se hace viable gracias a la acción del Espíritu. Para esto se acude a las categorías de pensamiento propias de tal o cual momento del desarrollo histórico de la cultura y de la pluralidad de ámbitos sociales. Son esfuerzos loables que corresponden a un determinado contexto y que resultan relevantes para el mismo, pero cuando la misma evolución cultural los supera , resultan inadecuados y, a menudo, incomprensibles. 4

Cada día se nos hace más compleja la comprensión del misterio, justamente por su comunicación en mediaciones tan lejanas de nuestra cultura. La Palabra de este domingo, dedicado a celebrar la realidad trinitaria de Dios, el Padre, el Hijo, el Espíritu Santo, nos invita a trascender las palabras mismas, las herramientas de interpretación, para dejarnos poseer por El, para llenarnos de su vitalidad, para constituirse en el principio y fundamento de lo que somos y hacemos, para orientarnos en la línea del sentido definitivo. 5 Dejemos que las palabras de Pablo nos introduzcan en la osadía de creer, en la profundidad liberadora del misterio del Dios que es Trinidad: “Todos los que son conducidos por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Y ustedes no han recibido un espíritu de esclavos para volver a caer en el temor, sino el espíritu de hijos adoptivos, que nos hace llamar a Dios Abba!, es decir : Padre!”. 6

El libro del Deuteronomio fue, en la antigüedad bíblica, un esfuerzo por conectar la fe en Dios con las necesidades y realidades de las personas de ese tiempo y de ese contexto. La primera lectura de hoy viene de ahí y dice así: “Pregúntale al tiempo pasado, a los días que te han precedido desde que el Señor creó al hombre sobre la tierra, si de un extremo al otro del cielo sucedió alguna vez algo tan admirable o se oyó una cosa semejante. Qué pueblo oyó la voz de Dios que hablaba desde el fuego , como la oíste tú, y pudo sobrevivir? O que Dios intentó venir a tomar para sí una nación de en medio de otra, con milagros, signos y prodigios, combatiendo con mano poderosa y brazo fuerte, y realizando tremendas hazañas, como el Señor, tu Dios, lo hizo por ustedes en Egipto, delante de tus mismos ojos?”. 7

La experiencia histórica, muy real, de los israelitas, según consta en este testimonio, es que Dios se hizo todo para ellos liberándolos de la opresión egipcia, rescatándolos de la ignominia de la esclavitud, resignificando su dignidad como pueblo, inspirando a Moisés y a sus líderes para llevarlos por el camino de una definitiva libertad. Tal acontecimiento es para Israel fundante de sus convicciones de fe y materia de permanente gratitud y celebración, lo mismo que esencia de una nueva manera de vida liberada. Dios es el Señor salvador y liberador, y esta conciencia empieza a partir de una concreción existencial, perceptible históricamente. 8 La liberación de los israelitas en el paso del Mar Rojo es un prototipo anticipado de la plena salvación que Dios realiza para la humanidad en la persona del Señor Jesucristo.

Este Dios, así manifestado, llena de sentido la vida de quienes se sienten perdidos, no es un Dios en plan de juicio y condenación, sino de misericordia, de solidaridad, de cercanía redentora, transformadora del desencanto en esperanza y novedosa vitalidad. El mensaje de Jesús escandalizó porque hablaba de un Dios que se da todo a todos sin necesidad de merecimientos y de superioridades religiosas, en él se nos hace explícito un Dios desmedido de amor y de generosidad liberadora. 9

La forma en que Jesús nos habla de Dios, como amor-salvación para todos, se inspira directamente en su experiencia personal. La experiencia básica de Jesús fue la experiencia de Dios en su propio ser. Dios lo era todo para él, y decidió corresponder a este amor siendo todo para los demás. Asumió la seductora fidelidad de Dios y respondió siendo fiel a sí mismo, y siendo fiel a todos los seres humanos, prioritariamente a los desalentados, a los castigados, a los humillados y ofendidos. Al llamar a Dios Abba-Padrecito abre un horizonte totalmente nuevo para nuestras relaciones con el Absoluto: “Y decía: Abba Padre, todo te es posible. Aleja de mí este cáliz, pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya”. 10

En la lengua de Jesús , el arameo, el tratamiento de Abba 11 al papá es la expresión de mayor cariño a quien le dio la vida, manifiesta total intimidad y comunión de amor. Nos lleva a descubrir que la base de una experiencia religiosa liberadora es nuestra condición de creaturas. Así, nos descubrimos sustentados por la permanente acción creadora de Dios. Y es el Espíritu Santo el que nos dota de esta conciencia y experiencia trinitarias. Descubrir a Dios como fundamento es fuente de insospechada humanidad, y esta se vive, gracias al dinamismo de la Trinidad, en términos de filiación y de fraternidad, como Jesús: “El mismo Espíritu se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, también somos herederos, herederos de Dios y coherederos de Cristo, porque sufrimos con él, para ser glorificados con él”. 12

Dios es ágape – amor de fraternidad, amor de comunión desinteresada – y por eso se da totalmente. La fidelidad de Dios es lo primero – pura iniciativa gratuita – y verdadero fundamento de una actitud humana. Dios es la realidad que posibilita el encuentro con un “tú” para convertirse en “nosotros”, El es ese “tú” ilimitado que se experimenta en todo encuentro humano de amor y de comunión. A través del ser humano descubrimos a Dios, esto es lo que se hace evidente en Jesús, en él adquiere un nuevo significado – siempre liberador – nuestra relación con Dios y con todos los seres humanos: esta es la decisiva incidencia trinitaria en la configuración salvada y liberada de nuestra condición humana! Gracias al dinamismo transformador del Espíritu Santo. Ante tan nítido descubrimiento de salvación podemos entender las palabras de Jesús, consciente de que este don no puede permanecer oculto, debe ser comunicado a todos como Buena Noticia raíz de una nueva humanidad: “ Vayan, entonces, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que les ha mandado. Y yo estoy con ustedes hasta el fin del mundo” . 13
 
Antonio José Sarmiento Nova, SJ 

BIBLIOGRAFÍA

1 VIDE, Vicente. Hablar de Dios en tiempos de increencia. Universidad de Deusto. Bilbao, 2000. CORDOVILLA, Angel. Crisis de Dios y crisis de fe, volver a lo esencial. Sal Terrae. Santander, 2012. MARTIN VELASCO, Juan. Ser cristiano en una cultura posmoderna. PPC. Madrid, 2009. SIMIAN-YOFRE, Horacio. El desafío de hablar de Dios en la América Latina del siglo XXI. En Actas de la XXVI Semana Nacional de Teología. Sociedad Argentina de Teología. Editorial San Benito. Buenos Aires, 2008; páginas 33-51. LENAERS, Roger. Otro cristianismo es posible: fe en lenguaje de modernidad. Abya-Yala. Quito, 2008. GOMEZ CAFFARENA, José. El lenguaje sobre Dios. En Teología y Catequesis números 23-34; páginas 407-416. Universidad Eclesiástica San Dámaso. Madrid, 1987. RINCÖN GONZALEZ, Alfonso. Lenguaje religioso y ciencias del lenguaje. En https://www.repositorio.unal.edu.co/bitstream/handle/unal/33034/19851-66095-1-PB.pdf?sequence=1&isAllowed=y

2 Diócesis de Canarias, España insular. Busco tu rostro: las falsas imágenes de Dios. En https://www.diocesisdecanarias.net/wp-content/uploads/2018/07/diosfalsasimagenes.pdf ARIAS, Juan. El Dios en quien no creo. Sígueme. Salamanca, 1987. VIDE, Vicente. Los lenguajes de Dios: pragmática, lingüística y teología. Universidad de Deusto. Bilbao, 1999. ARENAS MOLINA, Enrique. Significado del lenguaje de la fe. Uniagustiniana. Bogotá, 2020. CÍA LAMANA, Domingo. El poder narrativo de la religión. PPC. Madrid, 2011. HICK, John. La metáfora del Dios encarnado. Cristología para una época pluralista. Abya-Yala. Quito, 2004. TORRES QUEIRUGA, Andrés. Repensar la revelación. La revelación divina en la realización del hombre. Trotta. Madrid, 2008. GUTIERREZ MERINO, Gustavo. Lenguaje teológico: plenitud del silencio. En Revista Latinoamericana de Teología número 38; páginas 141-162. Universidad Centroamericana José Simeón Cañas. San Salvador, 1996.

3 Génesis 1: 27 

4 SCHYLLEEBECKX, Edward. Fe e interpretaciones de la fe. Sígueme. Salamanca, 1986. RATZINGER, Joseph. Transmisión de la fe y fuentes de la fe. En Scripta Theologica número 15; páginas 9-30. Universidad de Navarra. Pamplona, 1983. ILLANES, José Luis. Fé y razón: filosofía y teología. En Scripta Theologica número 31; páginas 783-820. Universidad de Navarra. Pamplona, 1999. FERNANDEZ, Víctor Manuel. Una interpretación de la religiosidad popular. En https://www.core.ac.uk/reader/32624910 PAPA JUAN PABLO II. Carta Encíclica Fides et Ratio Fe y Razón. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 1998. ESTRADA, Juan Antonio. Qué decimos cuando hablamos de Dios? La fe en una cultura escéptica. Trotta. Madrid, 2015; El cristianismo en una sociedad laica. Desclée de Brower. Bilbao, 2006.

5 CAAMAÑO, Juan Carlos. Consideraciones sobre Dios para nuestro tiempo. En Cuestiones Teológicas volumen 48 número 109 enero-junio 2021, páginas 1-16. Universidad Pontificia Bolivariana. Medellín. FERRARA, Ricardo. El misterio de Dios: correspondencias y paradojas. Sígueme. Salamanca, 2005. LENK, Martin. Buscando a Dios. Piezas para una teología filosófica. Paulinas & Ediciones MSC. Santo Domingo, 2015. McFAGUE, Sallie. Modelos de Dios. Teología para una era ecológica y nuclear. Sal Terrae. Santander, 1987. JOHNSON, Elizabeth A. A la búsqueda del Dios vivo. Trazar las fronteras de la teología de Dios. Sal Terrae. Santander, 2007.

6 Romanos 8: 14-15

7 Deuteronomio 4:30-34. BARRIOCANAL, José Luis. El libro del Deuteronomio. Colección Reseña Bíblica número 96. Verbo Divino. Estella, 2017. GARCÍA LÓPEZ, Félix. El Deuteronomio: una ley predicada. Verbo Divino. Estella, 1989. LOHFINK, Norbert. Escucha Israel. Comentarios sobre el Deuteronomio. Verbo Divino. Estella, 2008. JUNKAL GUEVARA, Miren. El libro del Deuteronomio: el cierre del Pentateuco y el surgimiento de la identidad de Israel. En Estudios Eclesiásticos volumen 94 número 369; páginas 227-264. Universidad Pontificia de Comillas. Madrid, 2019.

8 ELLACURÍA Ignacio. Historicidad de la salvación cristiana. En Mysterium Liberationis: conceptos fundamentales de la Teología de la Liberación. Volumen 1 páginas 323-372. UCA Editores. San Salvador, 1990. GONZALEZ, Antonio. La historia como revelación de Dios en Pannenberg. En Revista Latinoamericana de Teología número 25; páginas 59-81. Universidad Centroamericana José Siméon Cañas UCA. San Salvador, 1992. Cardenal JEAN MARIE LUSTIGER. El carácter histórico de la revelación bíblica. En https://www.jcrelations.net.es/article/el-caracter-historico-de-la-revelacion-biblica.pdf 

9 KASPER, Walter. El Dios de Jesucristo. Sígueme. Salamanca, 2011. RATZINGER, Joseph. El Dios de Jesucristo: meditaciones sobre Dios uno y trino. Sígueme. Salamanca, 1979. PAPA FRANCISCO. El Rostro de la Misericordia Misericordiae Vultus. Bula de convocación del jubileo extraordinario de la misericordia. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 2015. PEREZ COTAPOS, Eduardo. La misericordia en la Biblia: un horizonte iluminador de la práctica cristiana. En Cuadernos de Teología volumen IX número 1; páginas 76-100. Universidad Católica del Norte. Antofagasta, junio 2017. GRESHAKE, Gisbert. Creer en el Dios uno y trino. Una clave para entenderlo. Sal Terrae. Santander, 2002. 

10 Marcos 14: 36

11 JEREMIAS, Joachim. Abba, el mensaje central del Nuevo Testamento. Sígueme. Salamanca, 1983. LAZCANO, Rafael. Dios, nuestro Padre. Centro Teológico San Agustín. Madrid, 1999.ROVIRA BELLOSO, Josep María. La teología del Padre. En Scripta Theologica número 20; páginas 421-522. Universidad de Navarra. Pamplona, 1988. CARDONA RAMÍREZ, Hernán Darío. El Hijo único del Padre nos ha hecho la exégesis (Juan 1: 18). En Cuestiones Teológicas volumen 39 número 92; páginas 321-344. Universidad Pontificia Bolivariana. Medellín, julio-diciembre 2012.

12 Romanos 8:16-17

13 Mateo 28: 19-20 

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Hablemos del nombre de Jesús

Entre los hebreos no se le ponía al recién nacido un nombre cualquiera, de forma arbitraria, pues el “nombre”, como en casi todas las culturas antiguas, indica el ser de la persona, su verdadera identidad, lo que se espera de ella.

Por eso el evangelista Mateo tiene tanto interés en explicar desde el comienzo a sus lectores el significado profundo del nombre de quien va a ser el protagonista de su relato. El “nombre” de ese niño que todavía no ha nacido es “Jesús”, que significa “Dios salva”. Se llamará así porque “salvará a su pueblo de los pecados”.

[…] La humanidad necesita ser salvada del mal, de las injusticias y de la violencia; necesita ser perdonada y reorientada hacia una vida más digna del ser humano. Esta es la salvación que se nos ofrece en Jesús.

Mateo le asigna además otro nombre: “Emmanuel”. Sabe que nadie ha sido llamado así a lo largo de la historia. Es un nombre […] que significa “Dios con nosotros”. EL CAMINO ABIERTO POR JESUS, 1 MATEO, José Antonio Pagola, PPC, 2012, p. 13-14

P. José Raúl Arbeláez SJ – Equipo CIRE Ampliado