Comunitas Matutina Febrero 25 2024

COMUNITAS MATUTINA 25 DE FEBRERO 2024 DOMINGO II DE CUARESMA CICLO B

“Entonces se formó una nube que los cubrió con su sombra, y llegó una voz desde la nube: Este es mi Hijo amado, escúchenlo”

(Marcos 9: 7)

 Lecturas:

1.     Génesis 22: 1-18

2.     Salmo 115

3.     Romanos 8: 31-34

4.     Marcos 9: 2-10

El relato de la Transfiguración de Jesús, que nos propone el evangelio de este domingo, ayuda a desvelar una constante de la vida humana: no hay vida sin muerte, ni gozo sin dolor, ni regeneración sin destrucción. Los grandes amaneceres de la humanidad, que llamamos pascuas, resurrecciones, en castizo lenguaje de la fe, no resultan sin desprendimientos, rupturas, crisis y dramatismos. Estas realidades definitivas de la vida se implican mutuamente. 1 Conforme vamos entrando en la luz desaparece la oscuridad; en la medida en que vivimos con intensidad vamos ganando terreno a la muerte. En los momentos de mayor dificultad pareciera que perdemos la esperanza, la angustia nos abate y nos hace sentir en derrota, con esta certeza de la muerte inevitable. Ante esto es preciso tener como referente clave que hay un “pero” con mayúscula, que en este caso deviene en sentido definitivo: en el horizonte siempre Dios como presencia incuestionable de la vida que no se agota, que reorienta toda nuestra historia en un dinamismo de esperanza que deshace el absurdo y nos lleva a la Presencia, que es El mismo. Lo que la muerte desfigura, lo transfigura Dios. Sin embargo, esto no es claro para muchas personas en el mundo. Hay dudas de fe, escándalos causados por los mismos creyentes que no hacen provocativa la oferta religiosa, preguntas e inquietudes surgidas a partir de una gran honestidad existencial, que no se contentan con explicaciones superficiales, o también indiferencia, despreocupación ante los interrogantes fundamentales del sentido, estilos de vida que ven la muerte y la precariedad “como si eso no fuera conmigo”. 3 Cuaresma es un tiempo privilegiado para revisar a fondo lo que está desfigurado en nuestra vida, en la realidad social, en la Iglesia, con miras a una transfiguración radical de la existencia en Dios. En el acontecimiento del pecado y de la muerte nuestra existencia se desfigura, pero en la intervención definitiva que Dios hace en Jesús nos transfiguramos y adquirimos la certeza de que ahora la vida nunca se termina: “Ante esto, ¿qué podemos decir? Si Dios está por nosotros, ¿quién estará contra nosotros? Si El no perdonó a su propio Hijo (antes bien, lo entregó por todos nosotros), cómo no va a darnos gratuitamente con él todas las cosas?” .4

Después de anunciar la pasión y de invitar al seguimiento, Marcos introduce este relato de la transfiguración, simbolismo de una pascua anticipada, junto a una crucifixión, igualmente anticipada. También los acompañan las narraciones del debate sobre la resurrección y el regreso de Elías 5 y la sanación del niño mudo .6 Un dato así no es de simple erudición bíblica, llamamos la atención sobre el mismo porque constituye un marco pascual, es un tríptico que enlaza la oración, la fe sanadora y el anuncio de la muerte y de la vida, de la pasión y de la resurrección, como es la vida de los seres humanos. La experiencia pascual (transfiguración) está vinculada íntimamente a la acción liberadora. Así las cosas, ya podemos preguntarnos: ¿qué es lo desfigurado que tengo en este momento de mi vida? ¿Qué es aquello que frena en mí el dinamismo de la trascendencia? ¿Donde identifico en mi ser y en mi quehacer las manifestaciones de la cultura de la muerte? 7

Con estos criterios podemos captar con mayor sentido el mensaje de este domingo: con Jesús caminamos de la muerte hacia la vida. La lógica cuaresmal de conversión es una evolución en clave pascual, no se trata de penitencias individuales, de sombría austeridad, sino de una experiencia espiritual profunda que nos lleva a replantear radicalmente todo nuestro ser y quehacer para hacerlo nuevo gracias a Jesús, a su pasión y muerte, con él accedemos a la vitalidad inagotable de Dios: “Quién acusará a los elegidos de Dios? Dios es quien justifica. ¿Quien condenará? Acaso Cristo Jesús, que murió, más aún, que resucitó, ¿que está a la diestra de Dios y que intercede por nosotros?” .8 El talante penitencial del tiempo de cuaresma no es en modo alguno una propuesta temerosa, es una oportunidad para despojarnos de auto justificaciones y mecanismos de defensa, confrontación profunda de nuestra conciencia, identificación de la frontera entre el bien y el mal, verificación del ejercicio de nuestra libertad que a menudo nos lleva a conductas arrogantes, dando la espalda a Dios y al prójimo. Por eso, el relato de la Transfiguración del Señor Jesús es un paradigma de la condición humana : de una parte constatamos nuestra indigencia radical, no nos podemos dar la salvación, la plenitud de sentido, así se manifiesta en la inevitable posibilidad de la muerte y en el uso distorsionado de la libertad, cuando rechazamos el don de Dios e incursionamos en la ruptura radical del pecado; de otra, es la responsabilidad de Dios con sus creaturas, mantenernos abiertos a la VIDA, ofrecernos la gran alternativa, que la muerte no tiene la última palabra sobre nosotros, que la VIDA que se realiza en Jesús es la oferta por excelencia para que nada de lo nuestro sucumba a lo irremediable.9 

Revisemos la fuerza simbólica del relato para luego establecer la coherencia de todo su mensaje: “Seis días después, tomó Jesús consigo a Pedro, Santiago y Juan, y los llevó a ellos solos aparte, a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos, sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, tanto que ningún batanero en la tierra sería capaz de blanquearlos de ese modo” .10 Con la referencia a los seis días alude a los seis de la creación, según el Génesis, a los seis años previos al sabático. Es tiempo productivo, de siembra, de fecunda actividad, de disposición para la plenitud. La transfiguración altera esa cotidianidad laboriosa para expresar la irrupción definitiva de Dios en la historia humana, la configura pascualmente.11 Los tres discípulos escogidos representan la comunidad discipular que Jesús conduce: es la humanidad comunitaria en camino al encuentro transformador con la divinidad. Vestidos resplandecientes para resaltar la novedad decisiva que acontece en Jesús, no es un prodigio espectacular que lo exalta a él individualmente, sino la incorporación bautismal de todos los humanos en Jesús, portador de la vida nueva y eterna que se evidencia en las vestiduras blancas y brillantes de limpieza. Jesús nos hace totalmente nuevos. 

Luego: “Se les aparecieron Elías y Moisés, que conversaban con Jesús. Tomó Pedro la palabra y dijo a Jesús: Rabbí, está bien que nos quedemos aquí. Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés, otra para Elías”. 12 Tres seres también con resplandor deslumbrante, en representación de la comunidad en la que acontecen la salvación y la liberación que Dios gratuitamente ofrece a la humanidad; igualmente destaca aquí un simbolismo trinitario, el tres significa comunión, perfección, plenitud. A continuación: “Entonces se formó una nube que los cubrió con su sombra, y llegó una voz desde la nube: Este es mi Hijo amado, escúchenlo. Al momento, miraron en alrededor y ya no vieron a nadie más que a Jesús con ellos. Cuando bajaban del monte les ordenó que a nadie contasen lo que habían visto, hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos. Ellos observaron esta recomendación, discutiendo entre qué era eso de resucitar de entre los muertos”. 13 en el camino a Jerusalén era necesaria la transfiguración. Galilea había mostrado el éxito del reino de Dios y su justicia. La comunidad de los discípulos identificó allí la realización de los nuevos tiempos mesiánicos relacionados con los milagros y con las multitudes necesitadas de reconocimiento y de sentido de la vida. Jesús realiza señales que responden a estas expectativas, Jesús fija su atención en los desconocidos por la religión de Israel y por el imperio romano, él anuncia que ahora es posible una nueva manera de vivir en humanidad, gracias al querer del Padre.14

Cuando Jesús anuncia su pasión, la posibilidad de ser sometido por las autoridades políticas y religiosas, causa desconcierto y alarma. Para ellos era imposible aceptar este horizonte de un Mesías crucificado, humillado y ofendido. Es frecuente esta preocupación en los discípulos. Por esta razón, en el relato de Marcos, el evangelista introduce este acontecimiento simbólico, anticipador pascual, para situar los acontecimientos de la pasión en la perspectiva definitiva de la resurrección. En un momento privilegiado de gracia, los discípulos pudieron acceder a una visión más honda de lo que significaba aquel Jesús humilde que caminaba con ellos como uno de tantos. La fe es la que opera esa transfiguración; por ella, los desencantos y vacíos que frecuentemente nos acompañan se transfiguran, mostrándonos su riqueza de sentido, su trasfondo de dimensiones trascendentes. El camino existencial que recorremos tiene muchos sinsabores y sufrimientos, pero ellos no agotan nuestras posibilidades, gracias al don de Dios ofrecido en Jesús toda esa muerte se torna en vida la existencia humana adquiere su sentido total.

Cuando el Padre dice: “Este es mi Hijo amado, escúchenlo”,15 el evangelista pone en estas palabras una afirmación cristológica esencial, él es el mediador que lleva la humanidad a la novedad definitiva de Dios, lo que San Pablo llama el hombre nuevo.

Antonio José Sarmiento Nova, SJ

BIBLIOGRAFÍA

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2. GIL ARBIOL, Carlos. Conformados con la muerte y la resurrección de Cristo. Aula de Teología de la Universidad de Cantabria. Santander, 30 de octubre de 2012. MARCHADOUR, Alain. Muerte y vida en la Biblia. Verbo Divino. Estella, 1980. TAMAYO AYESTARÁN, Alfredo. Afrontar la muerte con verdad y esperanza. En https://www.paliativossinfronteras.org/wp-content/uploads/15- AFRONTAR-LA-MUERTE-CON-VERDAD-Y-ESPERANZA-TAMAYO.pdf GONZALEZ DE CARDEDAL, Olegario. Sobre la muerte. Sígueme. Salamanca, 2012. KUNG, Hans. Vida eterna? Trotta. Madrid, 2004. LOHFINK, Gerhard. Al final , la nada? Sobre la resurrección y la vida eterna. Sal Terrae. Santander, 2022.

3. RUSTER, Thomas. El Dios falsificado. Sígueme. Salamanca, 2011. ALBERT, Michel. Introducción al ateísmo. Akal. Madrid, 2010. PUENTE OJEA, Gonzalo. Ateísmo y religiosidad. Siglo XXI. Madrid, 1997. CAMUS, Albert. El hombre rebelde. Alianza. Madrid, 2008. CANTERO GARCÍA, María F. La educación para la muerte. Un reto formativo para la sociedad actual. En Psicogente número 16, páginas 424-438. Universidad Simón Bolívar. Barranquilla, julio-diciembre 2013. KÜBLER-ROSS, Elizabeth. Aprender a morir. Aprender a vivir. Preguntas y respuestas. Sirpus. Madrid, 2005. LOPEZ LECHUGA, Rocío. Concepciones y actitudes ante la muerte: teorías implícitas, determinantes socioculturales, y aspectos psicológicos relacionados. Tesis de grado para optar al título de Doctora en Psicología Clínica. Universidad de Huelva, 2016.

 

4. Romanos 8: 31-32

 

5. Marcos 9: 9-13

 

6. Marcos 9: 14-29

 

7. GIRALDO ARISTIZÁBAL, Juan Diego. El pecado como deshumanización en el documento de Aparecida. En Cuestiones Teológicas volumen 40, número 94; páginas 433-456. Universidad Pontificia Bolivariana. Medellín, julio-diciembre 2013. POLO MADERO, Eduardo. Las rupturas del pecado. Historia de un esquema teológico. Tesis para optar al título de Doctor en Teología. Universidad de Navarra. Pamplona, 1998. SOBRINO, Jon. Pecado personal, perdón y liberación. En https://www.redicces.org.sv/jspui/bitstream/10972/1041/1/RLT-1988-013-B.pdf BINETTI, María J. La dialéctica absoluta del pecado en el devenir de la libertad. En Filosofía Unisinos volumen 6, número3; páginas 302-313. Universidad do Vale dos Sinos. Unisinos, septiembre-diciembre 2005. GIL ESPINOSA, María Isabel. Conciencia de culpa y de pecado. Tesis para obtener el título de Doctora en Teología. Pontificia Universidad Javeriana. Bogotá, 2013. DÍAZ, Jorge Aurelio. Pecado y autonomía. En Praxis Filosófica número 45, páginas 259-283. Universidad del Valle. Cali, julio- diciembre 2017.

 

8. Romanos 8: 33-34

 

9. GESTEIRA GARZA, Manuel. Jesucristo horizonte de esperanza. PPC (2 volúmenes). Madrid, 2013. CONSEJO EPISCOPAL LATINOAMERICANO CELAM. La Transfiguración, un faro hacia la Pascua. En https://www.cebitepal/lectio/lectio5c8aabff7219b_14032019_131pm-pdf GARCÍA

MARTÍNEZ, Francisco. Jesús esperanza humana; esperanza cristiana bajo un horizonte gris. En Revista Aragonesa de Teología Año XXIX, número 57; páginas 71-99. Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón. Zaragoza, enero-junio 2023. MARFORI Y CUELLO, Emmanuel. La teología de la transfiguración en los Padres Latinos. Tesis para obtener el título de Doctor en Teología. Universidad de Navarra. Pamplona, 2010. LAÍN ENTRALGO, Pedro. Antropología de la Esperanza. Guadarrama. Madrid, 1978.

 

10. Marcos 9: 2-3

 

11. WEILER, Lucía & BOMBONATTO, Vera Ivanise. Jesús transfigurado: el rostro que nos pone en camino. Consejo de Delegadas de la Union Internacional de Superioras Generales UISG. Aparecida, 2011. MESTERS, Carlos. A transfiguracao: a cruz no horizonte, a paizao que conduz a gloria. Apuntes de un curso dictado por Fr. Mesters. Confederación Latinoamericana de Religiosos CLAR. Bogotá, 2003. CARBULLANCA NÚÑEZ, César Octavio. El relato de la transfiguración. Cristología alta y monoteísmo en Marcos. En Theologica Xaveriana volumen 71, páginas 1-33. Pontificia Universidad Javeriana. Bogotá, 2021. SABUGAL, Santos. La transfiguración de Jesús: adelanto de su     resurrección.  En https://www.agustinosvalladolid.es/estudio/investigacion/estudioagustiniano/estudiofondos/estudio1 992/estudio_1992_3_01.pdf CANTALAMESSA, Raniero. El misterio de la transfiguración. Monte Carmelo. Burgos, 2003. MORADO, Guillermo Juan. La significatividad de la transfiguración de Jesús. En Revista Española de Teología volumen LXXX, páginas 33-60. Universidad San Dámaso. Madrid, enero-abril 2020. 

 

12. Marcos 9: 4-5

 

13. Marcos 9: 7-10

 

14. GONZALEZ FAUS, José Ignacio. La humanidad nueva: ensayo de cristología. Sal Terrae. Santander, 2015. URIBARRI BILBAO, Gabino. Contemporaneidad de Cristo en la carne, condición del encuentro y de nuestra divinización. En Teología y Catequesis número 141,páginas 13-35. Universidad Eclesiástica San Dámaso. Madrid, 2018. GALLI, Carlos María. Jesucristo, camino a la dignidad y a la comunión. Agape Libros. Buenos Aires, 2010. NAPOLE, Gabriel M. Jesucristo, plenitud de la revelación. En Teología tomo XLVI, número 99; páginas 249-266. Pontificia Universidad Católica Argentina. Buenos Aires, agosto 2009.

 

15. Marcos 9: 7

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Hablemos del anhelo de viajar a las estrellas

La superficie de la Tierra es la orilla del océano cósmico. Desde ella hemos aprendido la mayor parte de lo que sabemos. 

Recientemente nos hemos adentrado un poco en el mar; vadeando lo suficiente para mojarnos los dedos de los pies, o como máximo para que el agua nos llegara al tobillo. 

El agua parece que nos invita a continuar. El océano nos llama. Hay una parte de nuestro ser conocedora de que nosotros venimos de allí. Deseamos retornar. 

No creo que estas aspiraciones sean irreverentes, aunque puedan disgustar a los dioses, sean cuales fueren los dioses posibles. […] La Tierra es un lugar, pero no es en absoluto el único lugar. 

No llega a ser ni un lugar normal. Ningún planeta o estrella o galaxia puede ser normal, porque la mayor parte del Cosmos está vacía. 

El único lugar normal es el vacío vasto, frío y universal, la noche perpetua del espacio intergaláctico, un lugar tan extraño y desolado que en comparación suya los planetas y las estrellas y las galaxias se nos antojan algo dolorosamente raro y precioso. COSMOS, Carl Sagan, Planeta, 2004, p. 5

P. José Raúl Arbeláez S.J. – Equipo CIRE Ampliado

Hablemos del estilo de educación que, hasta cierto punto, a nosotros también nos tocó sortear

Me encantaría poder decir que en la escuela elemental, superior o universitaria tuve profesores de ciencia que me inspiraron. Pero, por mucho que buceo en mi memoria, no encuentro ninguno. 

Se trataba de una pura memorización de la tabla periódica de los elementos, palancas y planos inclinados, la fotosíntesis de las plantas verdes y la diferencia entre la antracita y el carbón bituminoso. 

Pero no había ninguna elevada sensación de maravilla, ninguna indicación de una perspectiva evolutiva, nada sobre ideas erróneas que todo el mundo había creído ciertas en otra época. 

Se suponía que en los cursos de laboratorio del instituto debíamos encontrar una respuesta. Si no era así, nos suspendían. 

No se nos animaba a profundizar en nuestros propios intereses, ideas o errores conceptuales. 

Al final del libro de texto había material que parecía interesante, pero el año escolar siempre terminaba antes de llegar a dicho final. 

Era posible ver maravillosos libros de astronomía, por ejemplo, en las bibliotecas, pero no en clase. 

Se nos enseñaba la división larga como si se tratara de una serie de recetas de un libro de cocina, sin ninguna explicación de cómo esta secuencia particular de divisiones cortas, multiplicaciones y restas daba la respuesta correcta. 

En el instituto se nos enseñaba con reverencia la extracción de raíces cuadradas, como si se tratara de un método entregado tiempo atrás en el monte Sinaí. 

Nuestro trabajo consistía meramente en recordar lo que se nos había ordenado: consigue la respuesta correcta, aunque no entiendas lo que haces. 

En segundo curso tuve un profesor de álgebra muy capacitado que me permitió aprender muchas matemáticas, pero era un matón que disfrutaba haciendo llorar a las chicas. 

En todos aquellos años de escuela mantuve mi interés por la ciencia leyendo libros y revistas sobre realidad y ficción científica. 

EL MUNDO Y SUS DEMONIOS. La ciencia como una luz en la oscuridad, Carl Sagan, Planeta, 1998, p. 13-14 

P. José Raúl Arbeláez S.J. – Equipo CIRE Ampliado

Hablemos de la Esperanza como Misterio

La esperanza pertenece al grupo de vivencias o experiencias fundamentales que llegan al fondo de la existencia, movilizando los resortes de la vida y suscitando las cuestiones del sentido. 

En última instancia, el problema de la esperanza coincide con el problema de la existencia humana: la manifiesta en uno de sus aspectos radicales. 

Laín Entralgo lo ha expresado bien: “Lo primero que debe afirmarse acerca de la esperanza es la hondura y la universalidad de su implantación en el corazón del hombre”. Y no sin razón P. Landsberg, citado por él, ha podido afirmar: “Somos esperanza”. 

De ahí, desde ese carácter hondo y totalizante, se comprende bien la insistencia de Gabriel Marcel: la esperanza es misterio. 

Misterio en el sentido radical de afectar a la persona humana como tal, de suerte que su sentido y significación nunca pueden ser explorados, y menos agotados, en toda su riqueza. 

La esperanza en su sentido más hondo -y así enuncio una de mis hipótesis de trabajo- se sitúa en un nivel que es previo a toda filosofía, a toda ideología e incluso a toda religión. 

Estas son ya, justamente, respuestas o intentos de respuesta a la profunda pregunta que ese misterio abre para todo hombre y toda mujer. 

ESPERANZA A PESAR DEL MAL. La resurrección como horizonte, Andrés Torres Queiruga, Sal Terrae, 2005, p. 17-18 

P. José Raúl Arbeláez S.J. – Equipo CIRE Ampliado